NO A LA GUERRA Y A MÁS COSAS
Madrid, 29-03-2026
(Lectura rápida 😊)
En La
Discrepancia también
Los buenos eslóganes parecían ser solo progresistas como el
“No pasarán” que, aunque surgido por la invasión de Bélgica por Alemania en
1914 en un poema de Apeles Mestres, en España se asocia con nuestra desgraciada
guerra civil, casi ya tan vieja como las tres horribles
guerras Carlistas. En la Transición, la extrema izquierda patentó
otro contra EEUU y el mundo occidental al que piensan que no pertenecemos con
“OTAN no, bases fuera”. En cambio, el “OTAN de entrada, no,” socialista, fue un
fracaso porque se olvidó de añadir “y de salida, tampoco”.
La OTAN protege Europa. Bajo su amparo se pudo fundar la
UE y ésta crecer. Ahora, ya casi adulta, debiera ocuparse de su defensa y
fundar un Estado Federal. ¿Será capaz de hacerlo? Ni
ganas que tienen algunos de
gastar la pasta ni las energías requeridas. Vamos camino de la irrelevancia
total.
En 2016 Sánchez popularizó el “No es no” con el cual inició
su fundamental contribución a la desastrosa
polarización que cae desde arriba
sobre una población que aguanta el chaparrón. Otro con éxito fue el “Solo sí es
sí” podemita frente al machismo.
Ahora presentó Sánchez el facilón “No a la guerra”. Tampoco
queremos pobreza, enfermedades, suciedad, engaños, fracasos, cucarachas u hormigas
que pretenden comerse nuestro bocadillo. Sánchez
da la lección a todos, a EEUU, a Israel, a los Estados del Golfo
Arábigo agredidos por Irán, a los europeos que intentan navegar entre dos
aguas, incluso los reticentes, más discretos y prudentes, y, naturalmente, a
Feijóo, como si el gallego quisiese este conflicto.
El “no a la guerra” vale también para Putin y los
ayatolas que desde 1979 quieren la desaparición de Israel y apadrinan a
Hezbollah en el Líbano y Hamás en Gaza, terroristas que, a diferencia de los de
Al Fatah que gobierna en Cisjordania, no depusieron las armas a pesar de que
Rabin y Arafat se dieron la mano. Han logrado radicalizar la sociedad israelí
que no consigue distinguir ahora entre la población palestina y los terroristas
que se esconden entre ella en Gaza y cierra los ojos ante colonos que en
Cisjordania matan a palestinos y queman sus propiedades. Solo sin terrorismo puede haber paz y justicia para todos
en Palestina. El “No a la guerra” debe ser a todas.
El derecho internacional, que todos deseamos que prevalezca,
tampoco debiera ser un escudo para los que, como Irán o Rusia, desean aniquilar
otros países o, como en Cuba, tienen a la población avasallada hasta convertir
la Perla del Caribe en una prisión infernal.
La hipocresía preside asimismo declaraciones que critican
a Washington cuando desmonta o debilita dictaduras por la fuerza cuando siempre
han reprochado a EEUU de no haber depuesto a
Franco. Ahora, en cambio, protegen la dinastía de los Castro, se
compinchan con el chavismo e ignoran lo que ocurre en Nicaragua. En vez de
censurar la dictadura teocrática persa, les feliciten desde Teherán, así como los
de Hamás, unos colegas de ETA.
Feijóo también ha acuñado un eslogan interesante. “No a la guerra y no a Sánchez”. Un boomerang
mordaz hacia el monclovita que pretende que quien no está con él, el único
santo varón del barrio, quiere guerras. Más santo es Zapatero que saca de las
cárceles venezolanas a prisioneros políticos que sus amigos personales (lo dice
él mismo) meten antes en prisión.
Zapatero tuvo el acierto de acordar con EEUU el fondeo en
Rota de cuatro buques estadounidenses que también tienen la misión de defender
a los países aliados de misiles que vengan de Oriente Medio además de sus
propios cometidos (como participar en guerras de EEUU), presencia incrementada
a seis por Sánchez. Tan malos no les parecerán
los americanos …
Sanchez revive electoralmente la Segunda Guerra de Irak,
la ilegal, para rechazar a través de Aznar la guerra de Irán, pero calla que
con ella se depuso a Sadam Husein, un dictador que nadie añora en un país ahora
más democrático. La vida también escribe a veces
con renglones torcidos.
Los medios publican las exigencias de unos y otros para
acabar la guerra de Irán. Su lectura evidencia que todo aquello que rechaza
Irán explica el conflicto, sin por ello justificarlo. Permanece la voluntad iraní
de aniquilar Israel, algo inaceptable. La guerra no derrumbará a los ayatolas,
pero retrasará sus planes. No preferirá algún
santo varón que prevalezca Irán …
Mientras tanto, la ONU declaró el tráfico de esclavos
como el mayor crimen realizado contra la humanidad. Los occidentales no votaron
a favor argumentando en contra de una jerarquización de estos crímenes. Se
podría aprobar una declaración en el Congreso y dar publicidad al rechazo de la esclavitud.
Carlos Miranda, Embajador de España