sábado, 14 de marzo de 2026

LA DESUNIÓN EUROPEA

LA DESUNIÓN EUROPEA

 

                              Madrid, 14-03-2026

 

En La Discrepancia:

https://ladiscrepancia.com/la-desunion-europea/


  


La guerra de Irán ha desunido a Europa. A pesar de que Rutte, SG de la OTAN, asegurara que la mayoría de los aliados (todos europeos salvo EEUU y Canadá) apoyan “masivamente” a Washington contra Teherán, las posturas son diversas.

El RU ha oscilado de una postura renuente a otra más colaboradora con el operativo americano. Paradójicamente, le ha valido una sorna trumpista hacia Starmer por “querer llegar cuando la victoria ya está asegurada” (!). Londres, pillada desprevenida (!!), organiza la salida de algunos buques.

Francia está en una ambigüedad constructiva con matices e intenta jugar un papel moderador en El Líbano a donde envió su portaaeronaves Chales De Gaulle, aunque también dijo querer proteger el libre paso por el Estrecho de Ormuz controlando asimismo el Mar Rojo donde ya opera una flotilla de la UE a la que Sanchez negó la participación española. ¿Qué hará nuestra fragata? ¿Lo dudan? ¡Quedarse por Chipre! De todos modos, Macron se ha arrugado con lo de Ormuz. Por otra parte, ¿Francia protegerá al Líbano de Israel o desarmará a Hezbollah? Buena pregunta …

España ha asumido una oposición frontal a EEUU. Hay mucha hipocresía en el mundo de las críticas porque todos prefieren la caída de la dictadura teocrática iraní o, al menos, que no prevalezca en este conflicto. Bueno, igual en la extrema izquierda van con los ayatolas …   La aversión a los EEUU lleva lejos. El Gobierno español ha retirado formalmente a su Embajadora en Israel precisamente ahora. Hamás, como otras veces, le ha aplaudido (!!!). Chipre, Turquía, una base francesa en el Golfo y una italiana en Irak han sido atacados por Irán por lo que tanto la UE como la OTAN podrían ejercer la legítima defensa.  

El verdadero debate, en oposición a la demagogia facilona del “no a la guerra”, está entre los que argumentan la ilegalidad de esta guerra (como la de Ucrania “made in Putin”) y los que subrayan que tampoco debiera el derecho internacional amparar dictaduras que no respetan los derechos humanos y cuya política es, como en este caso, la de eliminar a Israel para lo que le valen misiles, terroristas de Hamás, Hezbollah y los hutis, además de intentar conseguir un ingenio nuclear.

Una especulación respaldada por los esfuerzos iraníes en esa dirección y su evidente toreo a los occidentales en todas las negociaciones en las que se pretendía que abandonase este propósito. ¿Justifica ello una guerra? No sabemos qué pasó en la negociación entre americanos e iranies en Oman dos días antes de la guerra.

Cruzadas unas líneas rojas es imposible impedir un nuevo país con armamento nuclear. Algo que no pueden asumir ni Israel ni EEUU, que no desean una repetición del caso de Corea del Norte. Inquietos debieran estar también los firmantes del Tratado de No Proliferación (nuclear), que somos casi todos los países del planeta.

Alemania ha optado por una crítica de Washington más flexible sin impedir el empleo de las bases por los americanos en la República Federal. Merz aboga por una desescalada dibujando un panorama razonable si bien idílico porque implicaría el reconocimiento de todos los actores del Oriente Medio en una coexistencia pacífica con la pervivencia de un Irán que aceptaría a Israel y no respaldaría el terrorismo antisionista, del mismo modo que Israel aceptaría un Estado Palestino. Teherán renunciaría a disponer de armas nucleares.

El plan de Merz significaría, asimismo, que, en Europa, Rusia cesase su agresión a Ucrania y se retirase del Donbas donde algún referéndum con supervisión internacional pudiera zanjar su pertenencia a Moscú o Kiev, así como con Crimea.

Esencial en una crisis como esta es la unidad europea y no se ha logrado. Incluso la Presidenta de la Comisión ha tirado por su cuenta con una postura favorable a la tesis de Washington de que entramos en un orden nuevo en el que conviene estar bien armado y anima a que la UE actúe militarmente para proteger sus intereses.

Von der Leyen ha aprovechado el vacío en una UE desunida y sin postura común. Alegó que el orden anterior ya no es vigente y pide que la UE actúe militarmente y se refuerce en materia de defensa. Costa, Presidente del Consejo Europeo, la ha reprendido abogando por el orden antiguo y Von der Leyen ha rectificado diciendo que la UE respalda el Derecho Internacional.

Costa defiende lo que deseamos y Von der Leyen se ajusta a una realidad cuyo exponente principal es Putin que en el Cáucaso avasalló Chechenia, asaltó Georgia, y ha invadido Ucrania. Hay un debate entre lo que ocurre y lo que debiera ser, un derecho internacional que, sin embargo, protege a los dictadores. Hay hipocresía también, porque todos los que critican a Trump por secuestrar a Maduro hubieran aplaudido a los americanos si en 1945 se hubieran llevado por delante a Franco.

En materia de defensa, Paris y Berlín se han puesto de acuerdo en una extensión del paraguas nuclear francés al que habría que sumar la sombrilla nuclear británica. Conlleva ello participar en ejercicios franceses. Unos ocho países se han acogido a esta renovada oferta francesa. Países nórdicos que rechazaban el arma nuclear en su territorio están ahora dispuestos a acogerla y Alemania reitera que tiene aviones con los que llevar una bomba nuclear ajena con la fórmula de la doble llave.

España, que siempre cacarea su europeísmo, se ha quedado fuera de este arranque de defensa europea que requiere una disuasión nuclear. Queda amparada solamente por el paraguas nuclear americano al que Sánchez igual renuncia por no perder el apoyo de la extrema izquierda para permanecer en La Moncloa. España sigue separada de Europa por los Pirineos y de EEUU por un odio ancestral.

No a la guerra está bien, pero Sánchez se ha quedado corto. No a las guerras, en plural, sería mejor. No a Trump, a Putin, a los terroristas que quieren eliminar Israel, así como a Irán. En todo caso, la suerte está echada y hay guerra. Mejor que no prevalezcan los ayatolas y que el gallinero europeo encuentre algún liderazgo verdadero.  

 

Carlos Miranda, Embajador de España