PARA ISRAEL LA MEJOR ARMA CONTRA HAMÁS
ES UNA CISJORDANIA PRÓSPERA
Madrid, 27-10-2026
Tras este martes 27 de octubre electoral en Israel será
complicada la formación de un gobierno encabezado por Bibi Netanyahu o su
principal opositor, el ex general Gadi Eisenkot. Antes, el 7 de octubre se
conmemoró el tercer aniversario de la enorme matanza causada por Hamás en 2023.
Veremos cómo se desarrollará la siempre compleja formación de un gobierno judío
y sus consecuencias en Palestina y en el Oriente Medio que pueden ser no muy
diferentes con Eisenkot. Convienen, quizás, algunas consideraciones.
Por segundo año consecutivo Trump ha impedido el acceso a
las NNUU, situadas en Nueva York, del Presidente de la Autoridad Palestina,
Mahmud Abas cuando se desarrollaba la Asamblea General anual. En 1947, recién
inaugurada la ONU, se acordó que Washington debía permitir su acceso a todos
sus miembros y la Autoridad Palestina figura como Estado Observador. El
acceso al máximo organismo mundial no debiera estar prohibido a nadie.
EEUU entiende, sin embargo, que puede impedir el previo
acceso a su territorio de cualquiera por razones de seguridad. Debiera ser más
casuístico porque se podrían entender, por ejemplo, limitaciones de movimiento
como, por ejemplo, no abandonar la ciudad de los rascacielos, pero el acceso al
edificio de las NNUU y a las oficinas de las Delegaciones allí acreditadas no
debiera ser impedido a nadie.
Desde la Casa Blanca se acusó a la Autoridad Palestina de
todo lo imaginable para impedir que Abas háblese personalmente en la Asamblea
General de las NNUU que inició sus sesiones, como siempre, el pasado mes de
septiembre. Washington llegó a acusar a la Autoridad Palestina de ayudar al
terrorismo y, como gran reproche, que favorezca su reconocimiento como Estado palestino.
Una cosa es la oportunidad del reconocimiento, algo debatible, y otra censurar
que la Autoridad lo favorezca. Abas habló, pues, mediante un vídeo, como el año
anterior.
La Autoridad Palestina está en una muy
difícil situación en Cisjordania que Abas parece controlar
aún a través de Al Fatah, la organización principal de la OLP, antaño
terrorista y que tras el apretón de manos de Rabin con Arafat hace décadas
abandonó las armas, a diferencia de Hamás que rechazó la paz para seguir desde
Gaza que domina la vieja táctica terrorista de acción y represión para mantener
viva su principal reivindicación, la destrucción de Israel, e imponer una
“Palestina del río al mar” (del Jordán al Mediterráneo), una consigna hoy en
día de los terroristas que repite cierta izquierda en España y de un modo
inaudito la propia Sira Rego, Ministra de Juventud e Infancia, motivo por el
cual Israel se quejó al Gobierno de Sánchez, si bien a este último no le
importará eso nada, porque, a pesar de Ceuta y Melilla, reivindicadas por
Marruecos y bajo un asedio hibrido, decidió ponerse a mal con Israel y EEUU, ambos
próximos a Rabat. “Es la economía, estúpido”, le dijo en unas elecciones que
ganó Clinton a Bush padre. Para España, es la seguridad, dicho para
quien, todavía, no se haya enterado.
Mientras Gaza era devastada, revelando que Israel no sabe
ya que hacer para impedir las acciones terroristas de Hamás que disponía de un
ejército terrorista, ahora mermado, compuesto por miles de milicianos armados,
como Hezbollah en el Líbano, Cisjordania se mantuvo quieta a pesar de que la
matanza israelí llegaba a la población de Gaza por esconderse entre ella los milicianos
de Hamás y, también, por un intento vano israelí de provocar un coste
inasumible de cara al futuro si Hamás reemprende sus acciones terroristas. A Hamás
la población de Gaza le importa aún menos que a Israel. Para los terroristas es
un bien consumible.
Se puede aprobar o condenar, entender o no, la postura
israelí tras el atentado del 7 de octubre de 2023 que causó 1.200 muertos y el
secuestro de 250 personas de las que pocos han vuelto tras grandes
sufrimientos. El 11-S contra las Torres Gemelas en Nueva York tuvo un saldo de
unas 3.000 víctimas lo que da la entidad del atentado de Hamás en comparación
con una población israelí de no más de 10 millones (el área metropolitana
neoyorquina tiene unos 22 millones y EEUU, 347 millones) y puede preguntarse
cómo se hubiera reaccionado en España si de una tacada ETA hubiera asesinado
a 1.200 españoles y secuestrado a 250.
¿Podía Israel haberse contentado con acciones de
represalia puntuales dejando intacto el entramado de Hamás? La respuesta en Jerusalén
fue que más que un atentado era una declaración de guerra, estimando que solo
invadiendo la franja causaría daños profundos a Hamás siendo la población, que
apoya a Hamás, una consideración colateral sin relieve como también lo es para Hamás.
La acusación de genocidio puede que sea pertinente, pero deberá pronunciarse el
Tribunal Internacional de Justicia en La Haya que, por ahora, ha
dictaminado que Israel debe tomar medidas para garantizar que sus ejércitos no
violen la Convención sobre el Genocidio. Si hubiese un pronunciamiento
condenatorio, debería incluir a Hamás por su desprecio a su propia población.
Solo un desarme de Hamás (y de Hezbollah) permitirá que
pueda haber paz en Palestina y tras ello convivencia y desarrollo. No será
fácil porque desde que en 1948 Israel declaró su existencia como Estado con el
aval de la ONU, siempre ha tenido encima como espada de Damocles la voluntad
árabe de su desaparición. Primero con guerras de sus vecinos que intentaron
invadir el Estado judío, luego con un terrorismo que podría haber cesado tras
el referido apretón de manos si no fuese por los terroristas patrocinados por
Teherán, Hamás y Hezbollah, que también desean borrar de la faz de la tierra a
Israel
El atentado de octubre de 2023 coincidió con la
posibilidad de que Arabia Saudí reconociera a Israel como ya lo han hecho otros
países árabes como nuestro vecino Marruecos, algo que Hamás ha conseguido
paralizar por ahora. Pero un futuro en paz en Palestina con bienestar necesitará
de inversiones y ayudas económicas de las petromonarquías, así como de
relaciones diplomáticas de todos con todos.
En términos políticos se podría hacer el siguiente análisis.
Una parte, la terrorista, apostó por un atentado tan monstruoso que solo podía
apelar una respuesta semejante o peor. De este modo se cortaba la dinámica de
los acuerdos Abraham de reconocimiento diplomático de Israel por países árabes,
especialmente por Arabia Saudí, guardiana de La Meca, que hubiera arrastrado a
otros árabes. La otra parte, la israelí, apostó, entonces, por una respuesta asimismo
monstruosa (unas 73.000 víctimas palestinas, de las que 60.600 serían civiles
-83%- y, consecuentemente, 12.400 milicianos terroristas) esperando forzar la
eliminación de Hamás tras la hecatombe poblacional y la casi total destrucción
de Gaza. Hamás ha conseguido su objetivo al precio enorme que ya había aceptado
al diseñarlo. Israel quizás obtenga su propósito si Hamás desarma. Un borrón y
cuenta nueva. El objetivo de Hamás fue táctico, el de Israel, estratégico y más
difícil. Veremos lo que ocurrirá en función del desarrollo del plan estadounidense
para Gaza y de quién gobierne ahora en Israel.
Irán está en la ecuación israelí y norteamericana porque
patrocina el terrorismo contra Israel cuya existencia quiere borrar del mapa y,
asimismo, para impedir por cualquier medio que Teherán obtenga la bomba
nuclear, lo que arrastraría a una carrera nuclear regional empezando por Arabia
Saudí y siguiendo por otros como Turquía, anulando en la práctica ya
definitivamente el esencial Tratado de No Proliferación Nuclear. Ciertamente,
Israel tiene la bomba y como algunos otros no debiera poseerla, pero nunca ha
amenazado con aniquilar de entrada a sus vecinos.
Israel no está exento de importantes obligaciones para
una paz duradera en Palestina, pero tampoco son en Cisjordania la perfección. ¡Abas
ha convocado unas elecciones por primera vez en 20 años! Para septiembre de
2027. Tiene 90 años y una sucesión sensata es necesaria si bien ya veremos si aparece.
Israel debiera colaborar en ello. Es una cuestión delicada pues posibles
sucesores están en sus cárceles acusados de actividades terroristas. La
corrupción es asimismo endémica en Cisjordania y eso solo puede frenar cualquier
desarrollo económico y político. En realidad, en Tierra Santa, nadie es santo.
En este panorama complejo, confuso, sin una verdad única,
en el que todos son víctimas y verdugos, en el que disfrutan los radicalismos
que, como siempre, se impulsan mutuamente, Cisjordania merece una consideración
muy cuidadosa porque allí se renunció al terrorismo y eso merece un mejor trato
tanto por Israel como por los EEUU. Una Cisjordania próspera sería un mejor
reclamo incluso para Gaza. Hay que considerar también que para Al Fatah, Hamás,
que les echó a tiros de Gaza, es considerado un enemigo, no un adversario.
Es un error, pues, impedir a Abas que asista a las
reuniones de la ONU, como es, asimismo, un error inadmisible condonar o ignorar
las gravísimas incursiones de colonos extremistas israelíes en Cisjordania con
destrozos materiales importantes, quemando casas y vehículos de palestinos además
de asesinarles. El Gran Israel no puede ser respaldado por nadie y apela a
acciones terroristas puntuales palestinas en Cisjordania, cosa que solo puede
colmar a los extremistas judíos además de los palestinos.
El desarme palestino ha de ser total,
pero también el respeto que han de merecer los que abandonan las armas y se
disponen a desarrollar sus comunidades buscando una prosperidad a la que tienen
derecho y que debiera merecer un extraordinario apoyo por parte de países
árabes e islámicos, así como también de la Unión Europea.
Carlos Miranda, Embajador de España



