DELCY ENAMORADA
Paris, 27-09-2026
(Lectura rápida 😊)
En La Discrepancia:
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¿Qué otra cosa puede uno pensar de una mujer como Delcy Rodríguez que camina varios kilómetros con luz y taquígrafos para ver a Pedro Sánchez? ¿Kilómetros? Bueno, una exageración, pero fue un trayecto muy largo.
Las imágenes del acontecimiento, pues fue uno, muestran a
Delcy, Presidenta encargada de Venezuela, nada menos, levantándose de su sitio
en la enorme sala verde de la Asamblea General de NNUU para, después de haber reforzado su poder entrevistándose mano a mano con Trump, dirigirse
decididamente hacia atrás subiendo por el correspondiente pasillo, torcer a su
derecha al final y otra vez más adelante a la derecha para enfilar hacia abajo el
pasillo que daba a la Delegación española.
Nadie se perdió este paseo bordeando otras Delegaciones a las que ignoró la venezolana que iba con cara seria a pesar de que muchas
veces una sonrisa ilumina su cara como si fuese verdaderamente una demócrata. No
saludó a nadie en su caminar durante el cual no sabemos bien lo que pensaría.
“Este no se me escapa”, podría ser uno de sus pensamientos. “Se derretirá
cuando me vea”, podría ser otro.
Cuando llegó a su objetivo se atrevió a tocar el hombro del gran hombre de la izquierda internacional que se hacía el distraído hablando por teléfono. Igual le habían avisado que venía Delcy su Director de Gabinete o algún miembro del CNI de Robles porque ¿De quién es hoy en día la Casa de los Espías si no es de Marga? Esta vez la alarma llegó en un sobre lacrado como exige el Delegado del Gobierno en Ceuta. “Si no es así, no me entero”. En realidad, tampoco de este modo tienen los avisos sutiles de los agentes españoles el efecto deseado cuando lo que falta en las azoteas son luces.
- Hola Pedro, soy Delcy.
- Ya sé quién eres.
- Temía que no me reconocieses.
- ¿Qué haces viniendo hasta aquí?
- Vengo a saludarte, “Miamor”.
Sánchez estaba incómodo. Levantado a medias no pudo evitar el besarse con ella en la mejilla si bien ella deseaba los labios.
- Tenemos que hablar, Rey mío.
- Mujer, que todos nos están viendo. Sé más discreta.
- Es que ya no quiero estar escondida, tapada, marginada, olvidada.
- No es eso. Sólo que no conviene que nos vean juntos.
Delcy le miró con odio. Hay que tener cuidado con una despechada
porque te puede meter un puñal en el corazón hasta la empuñadura. ¡Cuidado con
ella! Mientras Trump se llevaba a Maduro esposado, Delcy desayunaba “corn
flakes” de una conocida marca estadounidense por primera vez en su vida como si
tal cosa. "¿Se lo han llevado? Que pena”,
y siguió desayunando viendo también por primera vez Fox News, la cadena que más
gusta a Trump.
Por dentro Sánchez rabiaba. “Por culpa de esta tonta van a hablar otra vez de las 40 maletas de Delcy cuando llegó a Barajas y tuvo que sacarme las castañas del fuego mi amigo del alma Ábalos. Mencionarán a Aldama y el sobre con los vales para millones de dólares en petróleo. Publicarán cosas sobre la financiación ilegal del PSOE, acerca de Zapatero y sus joyas, las minas de oro, las ayudas a Plus Ultra, la “fontanera” del PSOE, los nietos mundiales y todas esas cosas ya metidas bajo la alfombra gracias a la invasión de Ceuta.
- Anda, vuelve a tu sitio que igual se sienta en el tuyo alguien aprovechando que no estás. Quien se va a Sevilla, pierde su silla.
- Yo no soy como Maduro que se creía seguro tras su seguridad armada cubana. Mi hermano me guarda las espaldas.
- Nos está mirando todo el mundo, se desesperó Sánchez.
- Me voy, me voy. Pero tenemos que hablar.
- Seguro, mintió Sánchez.
- Ya no me quieres, dijo repentinamente Delcy con voz quebrada.
- Que sí. Solo que este ni es buen momento ni el lugar.
- Te contaré cómo construir un país bolivariano, dijo una Delcy entregada con una carcajada cómplice.
- ¡Calla! Estoy en ello, pero pocos se han dado cuenta.
- Sin presupuestos y sin Parlamento, solo te falta un “sin elecciones” como nosotros, le dijo Delcy dándole un codazo simpático.
- Calla, calla, rogó de nuevo Sánchez con voz de súplica.
Delcy se fue satisfecha. Como está ahora en buenos
términos con Trump, pensó que, si Sánchez quisiese algo del americano, “tendrá
que pasar por mí”. Ya de nuevo en su sitio, Delcy cerró los ojos dispuesta a
imaginarse vestida de chulapa bailando un
schotis con su Pedro frente al ático de Ayuso, pero tuvo brevemente
otra visión. Un gran helicóptero pilotado por Trump despegaba de La Habana con
una enorme red colgada debajo repleta de barbudos en uniformes verdes
amontonados los unos encima de los otros. Un cartel rezaba: “Cuba libre”.
Carlos Miranda, Embajador de España