UCRANIA, OTRA VEZ
Madrid, 18-07-2026
(Lectura rápida 😊)
En La Discrepancia:
El mundo no está bien, pero ¿cuándo
lo ha estado? Mejor, quizás en
algunos momentos, pero mucho peor muchas veces más. Las guerras le asolan
frecuentemente y si no son mundiales, son regionales, locales o civiles, que no
civilizadas. Además, tampoco hacen falta guerras para no estar bien.
Actualmente tenemos un
gran conflicto que amenaza a la Europa democrática y en particular a
los países de la Unión Europea y, asimismo, a los de la Alianza Atlantica. Es
el que tiene lugar en Ucrania por la invasión de Rusia que inicialmente, hace cinco
años ya, pensó que conquistaría fácilmente Kiev y que instalaría ahí un
gobierno títere favorable a Moscú, como lo es Bielorrusia a la que poco le
falta para ser una colonia rusa. Prueba de ello es que la invasión rusa de
Ucrania partió de territorio bielorruso además del propiamente ruso. En todo
caso, Rusia ya ha perdido la partida.
Rusia ha violado todos sus
compromisos con Ucrania. Reconoció su independencia y sus
fronteras en 1991 cuando explotó la Unión soviética y la propia Rusia como
consecuencia del fracaso del comunismo, ese mismo que a algunos líderes de la
extrema izquierda española les gustaría instalar en nuestro país, como en Cuba,
o algo semejante, como en Venezuela. Rusia se comprometió a respetar sus
fronteras y lo reiteró en 1994 cuando Ucrania accedió a entregar a Rusia su
arsenal nuclear al entenderse que el país heredero de la URSS era Rusia. Sin
embargo, y sin quitar un ápice de culpabilidad a Rusia, hay que tener en cuenta
tres matices importantes.
Empezaremos por Crimea, rusa de toda la vida. Su entrega
a Ucrania por Jrushchov en los años cincuenta del siglo pasado fue una irresponsabilidad
y una cacicada administrativa pensando que la URSS sería eterna y que nos comería
a todos. Moscú la reconoció como ucraniana, pero en aras a un compromiso de paz,
Kiev debiera aceptar que nuevamente sea rusa a pesar del condenable ejercicio de la fuerza por
Rusia que, además, se inquieta por la pertenencia de Sebastopol donde la Armada
rusa siempre ha tenido una importante base naval en “aguas calientes”.
El Donbas es otra cosa. Era ucraniano y ahora lo ha
conquistado casi en su totalidad Rusia a costa de enormes pérdidas en material
y en hombres. No obstante, las poblaciones del Donbas nunca fueron muy
entusiastas con la deriva occidental de la mayoría de Ucrania que, librada del
arnés ruso, prefería acercarse al mundo occidental, a la Union Europea e,
incluso, a la OTAN, una oferta equivocada inicialmente de la Alianza, pero que
no han sabido manejar con habilidad desde el Kremlin, ni desde la Alianza, que,
con la invasión y destrozos humanos y materiales al país que antes llamaba hermano,
por no decir súbdito, solo ha conseguido acercar
Ucrania a la OTAN y que los aliados la consideren el primer valladar
frente a la Rusia imperialista.
Antes se pudo maniobrar tanto por parte occidental como
rusa para evitar que Ucrania ingresara en la Alianza. Ahora ya es tarde, salvo que ello sea parte de
un acuerdo de paz que, sin embargo, no podría impedir ya una relación especial
de Ucrania con la OTAN y con la UE, si es que no ingresa en la Unión.
Sin embargo, lo que más contraría a Rusia, aunque no lo
confiese, no es un ingreso de Ucrania en la OTAN ya que el Kremlin sabe que la
Alianza no le va a atacar. Lo que más le
preocupa es el ingreso de Ucrania en la Unión Europea. Rusia tiene
un PIB semejante al de Italia y vive de exportar materias primas. En cambio,
Ucrania, integrada económicamente en el mundo occidental y en la UE, tendrá un
desarrollo mucho más pujante y en apenas una década será, en condiciones de
paz, mucho más prospera que Rusia y la comparación será desastrosa para cualquiera
que gobierne en el Kremlin moscovita.
Trump presumía de poder arreglar el conflicto con Putin y
ofertó planes que, en definitiva, conseguían una paz a cambio de territorios.
El Donbas y Crimea para los rusos. En Europa se indignaron
mucho argumentando que no se
puede premiar a un país agresor. Tienen razón los europeos en principio, pero
la realidad de la vida apela a otros comportamientos. Crimea siempre fue rusa y
el Donbas no quería apartarse mucho de Rusia. Son, con otras cuestiones, el
elemento esencial para un entendimiento entre todos.
Naturalmente, los europeos se pueden echar a sus espaldas
un apoyo que EEUU ya va regateando a Ucrania. Como dijo hace tiempo un
negociador estadounidense, si Rusia no quiere la paz, más sanciones, y si no la
quiere Ucrania, menos apoyo. Aunque Trump y Zelenski se han reconciliado, para
Washington Ucrania, como la defensa de Europa, es
un asunto que cada vez más debe de ser responsabilidad (y gasto) de los
europeos.
El acuerdo de paz dibujado en estas líneas sería bueno
para Ucrania que se incorporaría plenamente al mundo occidental y europeo, así
como a una merecida prosperidad. Si quiere un buen antecedente histórico, que
se fije en Finlandia amputada de un 20% de su territorio por los rusos
al principio de la 2GM, tras invadir Rusia a Polonia con Alemania, cuando la
agresora Rusia, que quería toda Finlandia, se topó con una resistencia heroica
finlandesa.
Rusia sacaría su tajada territorial, justificaría a Putin
y le daría también una oportunidad de mejorar su economía con el levantamiento
de sanciones y una normalización de las relaciones internacionales. Otros
detalles serian importantes, pero es la única
alternativa para acabar con un conflicto canceroso en medio de Europa que no tiene una solución militar y que solo
conlleva mayores riesgos de guerra generalizada y de inestabilidad económica,
además de ser una carnicería. Facilitaría también que el Consejo de seguridad
de la ONU fuese de nuevo operativo.
¿Rusia aprovecharía para rearmarse y volver a atacar más
adelante? Quizás. No es de fiar, y por eso deben
los países europeos mejorar su propia disuasión porque les va en ello su propia
libertad, si bien ello tampoco significa renunciar a la Alianza
Atlántica que Washington mantendrá por propio interés. ¡No va a entregar Europa
al Kremlin!
Carlos Miranda, Embajador de España