sábado, 11 de abril de 2026

TROPIEZO EN EL GOLFO ARÁBIGO

TROPIEZO EN EL GOLFO ARÁBIGO

 

                              Madrid, 11-04-2026

                              (Lectura rápida 😊)

 

En La Discrepancia:

https://ladiscrepancia.com/tropiezo-en-el-golfo-arabigo/

 

 


Nada está claro en el alto el fuego entre EEUU e Irán conseguido a través de Pakistán, un país cercano a China, enfrentado ahora a Afganistán, con buenas relaciones con EEUU e Irán, y que ha actuado como intermediario entre los beligerantes, así como Turquía y Arabia Saudí, países que en el acuerdo provisional del alto el fuego parecen más difuminados.

Tampoco estuvieron claros los objetivos de EEUU en este conflicto que no son los de Israel. Dañar la capacidad iraní de obtener armas nucleares era uno de ellos, este compartido, que sería el esencialmente obtenido como se ve en la propuesta negociadora iraní, apenas aceptable en otros puntos para Washington, y posiblemente en los daños causados por la guerra a los medios iranís para lograrlo. Debía de haber sido el principal si no se le hubieran añadido otros irrealistas.

El cambio de régimen parece haber fracasado por muy deseable que fuese, un régimen peligroso para la estabilidad en el Oriente Medio al empeñarse en la desaparición de Israel, lo que sería una aniquilación de la civilización judía, y su apoyo a movimientos terroristas cómo Hamás en Gaza y Hezbollah en el Líbano que persiguen los mismos objetivos como, también, los hutis desde Yemen. Todas ellas, ilegalidades internacionales. Por ello si los ayatolas mantienen su apoyo a estos actores, así como su pretensión de borrar a Israel del mapa mundial, la guerra no habrá servido para nada en estos aspectos, dejando la situación igual que antes.

En cuanto a la producción iraní de misiles y una limitación al número que Irán estaría autorizado a tener, tampoco hay por ahora buenos indicios. El paso por Ormuz no parece aún asegurado, una violación del derecho internacional como lo es también cobrar por dejar pasar barcos sin atacarlos como señala la oportuna Convención del Mar que es derecho consuetudinario que obliga a los países no firmantes como parecen serlo EEUU e Irán. Veremos que podrán hacer el grupo de los numerosos países organizados por el Reino Unido para mantener abierto Ormuz tras la guerra y a los que finalmente se ha unido España. Ya era hora.

Los objetivos de Israel son otros que los de EEUU en esta guerra. Su problema son los terroristas apoyados por Teherán, Hamás en Gaza, muy derrotado, pero no eliminado, y lo mismo con Hezbollah que también se esconde entre la población civil, en este último caso, la que habita en el Líbano, especialmente en las barriadas del Sur de Beirut.

Netanyahu no se siente concernido por el alto el fuego, pero para no cargar con culpas de torpedearlo acepta mantener unas conversaciones con el gobierno libanés. Todos sabemos que este último es incapaz de controlar y desarmar a Hezbollah, y menos aún la ONU mediante UNIFIL que solo sirve con nuestro dinero de contribuyentes para contabilizar las piedras que Hezbollah e Israel se intercambian, por lo que es improbable un acuerdo eficaz para impedir que Hezbollah siga atacando ilegalmente a Israel motivo por el que el Estado judío desea controlar el territorio libanés entre el río Litani y la frontera, un empeño ya fracasado en el pasado.

Otros daños colaterales de esta guerra están en la relación transatlántica que ya estaba tensionada porque desde EEUU hace tiempo que consideran que hacen mucho más por la defensa de Europa que los europeos por los EEUU. Trump se carga de razón y más cuando la mayoría de los países europeos se han opuesto discretamente a esta guerra, otra ilegalidad, mientras alguno lo ha hecho exageradamente y molestando lo más que ha podido a los EEUU. Otros no han contravenido operaciones logísticas estadounidenses en su esfuerzo bélico. Alguna reacción habrá de Washington ante esta realidad a pesar de su falta de consultas y de que la OTAN es, en principio, para defender a Europa, sin perjuicio de que haya participado en operaciones amparadas por la ONU fuera de nuestro continente.  

Trump pagará en las próximas elecciones “mid term” de noviembre por su torpeza y falta, al menos, de un éxito claro en esta guerra, porque viene haciendo bélicamente lo que prometió que no haría y solo le salvaría un éxito grandioso.

Queda ahora por ver en qué desembocan las conversaciones entre EEUU e Irán en Pakistán, si producen resultados positivos y, si son negativos, de qué manera prosigue la conflictividad que no tiene por qué ser como hasta ahora. No olvidemos tampoco que si Irán pretende haber sido el agredido, los países del Golfo lo han sido aún más claramente por Teherán porque ellos, anteriormente, no han provocado en nada a los ayatolas, otra ilegalidad, pues, de estos últimos al bombardearles durante esta guerra.

 

Carlos Miranda, Embajador de España

 

 

 

jueves, 9 de abril de 2026

TRES VIEJAS CONDICIONES

ante el demagógico No a la guerra

 

                              Madrid, 09-04-2026

                              (Lectura rápida 😃)

 

Publicado en El Independiente

https://www.elindependiente.com/opinion/2026/04/09/tres-viejas-condiciones-ante-el-demagogico-no-a-la-guerra/


 


Muchos políticos dicen querer una defensa europea. ¿Saben de lo que hablan? Eso igual es otra cosa porque para ser autónoma estratégicamente, Europa requerirá una disuasión nuclear, y, en materia de defensa, junto a la solidaridad prima el reparto de cargas. En materia nuclear eso significa que no es aceptable que unos estén mejor protegidos que otros o que unos se sitúen en una menor vulnerabilidad.  

El referéndum de permanencia en la OTAN de 1986 se aprobó con tres condiciones que no dejaban de ser un paquete ligado conjuntamente. Permanecía España en la OTAN, pero sin ingresar en la Estructura Militar Integrada de la Alianza (EMI). Asimismo, nuestra prevista aportación militar a la misma (que se materializaría posteriormente mediante Acuerdos de Coordinación entre Mandos españoles y aliados) justificaba una reducción de la presencia militar estadounidense en nuestro país. Un argumento peregrino, pero fue el empleado. En esas condiciones no parecía necesario modificar la situación acordada en tiempos de Franco con Washington de que no habría en España ni despliegues ni almacenamiento de armas nucleares, una concesión, asimismo, a sectores pacifistas.

Esta postura entrelazada fue aprobada por un referéndum. Sin embargo, se ha ido recortando con los años sin referéndum alguno. La anulación se ha hecho con la aprobación parlamentaria en un caso y, luego, firmando un acuerdo con los EEUU que, después, se comunicó por lo que quedó claro que la condición principal es la primera y que las otras dos le estaban subordinadas. El paquete se ha desvirtuado y se puede dudar, pues, de la oportunidad de la tercera condición.

Aznar fue responsable de la primera dentellada al paquete con el voto favorable del PP y la abstención del PSOE. Quedaba claro que los socialistas no se oponían. Ingresamos, pues, en la EMI. Una buena decisión, pero, de hecho, quedaban desvirtuadas las otras dos condiciones porque el no ingreso en la EMI era la condición más determinante de las tres.  

La segunda dentellada fue de Zapatero. Olvidándose de su sentada en un desfile al paso de la bandera estadounidense cuando todos los demás se pusieron de pie y arrinconando lo a gusto que se quedó, como el mismo dice, sacando nuestras tropas en un instante de Irak, complicando así su sustitución (lo mismo en Kosovo pocos años después), Zapatero coronó sus ocho años de gobernanza firmando con el Secretario de Defensa americano, Panetta, en Bruselas, un acuerdo para el fondeo de cuatro buques norteamericanos en Rota componentes en parte del escudo antimisiles de la OTAN, también una buena decisión, elevando, pues, la presencia militar estadounidense en España que González había rebajado. Con Sánchez se ha incrementado aún más al aceptar recientemente el fondeo en Rota incluso de un sexto buque.

Queda la tercera condición, la nuclear. Desaparecidas las dos anteriores sin un referéndum, esta también podría anularse por voluntad gubernamental y un eventual respaldo parlamentario.

Como más arriba se ha dicho, no es concebible, una defensa europea autónoma sin disuasión nuclear. En la UE Francia puede ofrecerla y en Europa lo mismo puede hacer el RU. No asumirlo es no formar parte de la defensa europea, que parece ser el caso español al negarse Sánchez a aceptar la protección del paraguas nuclear francés con lo que solo nos queda, paradójicamente, el estadounidense que Trump, enfadado con los europeos en general y con Sánchez en particular, igual retira algún día.

Hay quien pensará que la negativa de Sánchez es porque no podríamos participar en ejercicios con Francia sobre disuasión nuclear por nuestra antes referida condición nuclear. En la OTAN sí lo hacemos y nunca ha implicado ello no tener en cuenta nuestra peculiaridad nuclear. Lo de negarse al paraguas nuclear francés es simplemente un sinsentido.

Una postura insostenible si verdaderamente se pretende una defensa europea autónoma sin perjuicio de que no se renuncie a la vinculación transatlántica. Al norte de Europa lo han entendido y países que prohibían despliegues nucleares ahora parecen dispuestos a ello. Alemania recuerda que, si bien no posee bombas nucleares, tiene la capacidad de portar las de otros países con aviones suyos bajo la fórmula llamada de la “doble llave”. Una actitud, digamos, intermedia y que da derecho a opinar con fuerza en el caso de un empleo nuclear sea americano o francés, aunque solo el dueño de un arma nuclear tiene el dedo en el gatillo.

En las nuevas circunstancias internacionales en las que comprobamos que el mundo es más peligroso y que Europa debe hacer mucho más por su defensa, sin perjuicio de desear un planeta gobernado por el derecho internacional, puede no tener ya sentido mantener en España esa tercera condición que en un marco aliado y europeo es insolidaria y puede contravenir incluso un plan de defensa común. Es, además, una ingenuidad creer que ello nos protege de un ataque nuclear. También puede ocurrir lo contrario, que por no tener armas nucleares en nuestro territorio sea más tentador para un enemigo bombardearnos en primer lugar con las suyas.

Tiene esta condición un corolario ridículo. ¿Qué pasa cuando un buque extranjero dotado con armas nucleares fondea en un puerto o en aguas españolas? ¡Pues que no preguntamos si las tienen! Es lo acordado con los americanos y lo que hacemos por analogía con otros. Imaginen montarse en un avión y que baste con que a usted no le pregunten si lleva una pistola encima.

Como poco se debate en este país, y menos en el Parlamento, el Presidente del Gobierno de turno hará lo que le dé la gana argumentando que hacía falta. Como con un contrato de telefónica se les dirá a las Cortes que firmen abajo. Y quizás sea lo mejor, porque los debates en España sobre seguridad no solo son escasos, son pobres y la tentación es de resolverlos con el demagógico y facilón “no a la guerra” como si esa declaración para simples de espíritu nos pudiera proteger.

 

Carlos Miranda, Embajador de España

 

domingo, 29 de marzo de 2026

NO A LA GUERRA Y A MÁS COSAS

NO A LA GUERRA Y A MÁS COSAS

 

                              Madrid, 29-03-2026

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En La Discrepancia también

 

 

Los buenos eslóganes parecían ser solo progresistas como el “No pasarán” que, aunque surgido por la invasión de Bélgica por Alemania en 1914 en un poema de Apeles Mestres, en España se asocia con nuestra desgraciada guerra civil, casi ya tan vieja como las tres horribles guerras Carlistas. En la Transición, la extrema izquierda patentó otro contra EEUU y el mundo occidental al que piensan que no pertenecemos con “OTAN no, bases fuera”. En cambio, el “OTAN de entrada, no,” socialista, fue un fracaso porque se olvidó de añadir “y de salida, tampoco”.

La OTAN protege Europa. Bajo su amparo se pudo fundar la UE y ésta crecer. Ahora, ya casi adulta, debiera ocuparse de su defensa y fundar un Estado Federal. ¿Será capaz de hacerlo? Ni ganas que tienen algunos de gastar la pasta ni las energías requeridas. Vamos camino de la irrelevancia total.

En 2016 Sánchez popularizó el “No es no” con el cual inició su fundamental contribución a la desastrosa polarización que cae desde arriba sobre una población que aguanta el chaparrón. Otro con éxito fue el “Solo sí es sí” podemita frente al machismo.

Ahora presentó Sánchez el facilón “No a la guerra”. Tampoco queremos pobreza, enfermedades, suciedad, engaños, fracasos, cucarachas u hormigas que pretenden comerse nuestro bocadillo. Sánchez da la lección a todos, a EEUU, a Israel, a los Estados del Golfo Arábigo agredidos por Irán, a los europeos que intentan navegar entre dos aguas, incluso los reticentes, más discretos y prudentes, y, naturalmente, a Feijóo, como si el gallego quisiese este conflicto.

El “no a la guerra” vale también para Putin y los ayatolas que desde 1979 quieren la desaparición de Israel y apadrinan a Hezbollah en el Líbano y Hamás en Gaza, terroristas que, a diferencia de los de Al Fatah que gobierna en Cisjordania, no depusieron las armas a pesar de que Rabin y Arafat se dieron la mano. Han logrado radicalizar la sociedad israelí que no consigue distinguir ahora entre la población palestina y los terroristas que se esconden entre ella en Gaza y cierra los ojos ante colonos que en Cisjordania matan a palestinos y queman sus propiedades. Solo sin terrorismo puede haber paz y justicia para todos en Palestina. El “No a la guerra” debe ser a todas.

El derecho internacional, que todos deseamos que prevalezca, tampoco debiera ser un escudo para los que, como Irán o Rusia, desean aniquilar otros países o, como en Cuba, tienen a la población avasallada hasta convertir la Perla del Caribe en una prisión infernal.  

La hipocresía preside asimismo declaraciones que critican a Washington cuando desmonta o debilita dictaduras por la fuerza cuando siempre han reprochado a EEUU de no haber depuesto a Franco. Ahora, en cambio, protegen la dinastía de los Castro, se compinchan con el chavismo e ignoran lo que ocurre en Nicaragua. En vez de censurar la dictadura teocrática persa, les feliciten desde Teherán, así como los de Hamás, unos colegas de ETA.

Feijóo también ha acuñado un eslogan interesante. “No a la guerra y no a Sánchez”. Un boomerang mordaz hacia el monclovita que pretende que quien no está con él, el único santo varón del barrio, quiere guerras. Más santo es Zapatero que saca de las cárceles venezolanas a prisioneros políticos que sus amigos personales (lo dice él mismo) meten antes en prisión.

Zapatero tuvo el acierto de acordar con EEUU el fondeo en Rota de cuatro buques estadounidenses que también tienen la misión de defender a los países aliados de misiles que vengan de Oriente Medio además de sus propios cometidos (como participar en guerras de EEUU), presencia incrementada a seis por Sánchez. Tan malos no les parecerán los americanos …  

Sanchez revive electoralmente la Segunda Guerra de Irak, la ilegal, para rechazar a través de Aznar la guerra de Irán, pero calla que con ella se depuso a Sadam Husein, un dictador que nadie añora en un país ahora más democrático. La vida también escribe a veces con renglones torcidos.

Los medios publican las exigencias de unos y otros para acabar la guerra de Irán. Su lectura evidencia que todo aquello que rechaza Irán explica el conflicto, sin por ello justificarlo. Permanece la voluntad iraní de aniquilar Israel, algo inaceptable. La guerra no derrumbará a los ayatolas, pero retrasará sus planes. No preferirá algún santo varón que prevalezca Irán …

Mientras tanto, la ONU declaró el tráfico de esclavos como el mayor crimen realizado contra la humanidad. Los occidentales no votaron a favor argumentando en contra de una jerarquización de estos crímenes. Se podría aprobar una declaración en el Congreso y dar publicidad al rechazo de la esclavitud.

 

Carlos Miranda, Embajador de España

 

 

 

 

domingo, 22 de marzo de 2026

JUAN CARLOS DEMOCRAXIA

 JUAN CARLOS DEMOCRACIA

 

                              Madrid, 21-03-2026

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En La Discrepancia:

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La guerra contra Irán se alarga. Trump calculó mal la resistencia iraní y su capacidad de cerrar el estrecho de Ormuz a los occidentales. Salir del lío al que le ha arrastrado Netanyahu no parece fácil si bien habrán retrasado otra vez el acceso iraní al arma nuclear.

Trump exige ayuda a Europa que no quiere participar activamente en esta guerra. Ello tendrá consecuencias en la relación transatlántica. La UE debe acelerar, pues, su integración y su defensa. No obstante, seis países importantes (FR, AL, IT, PB, RU y JP) se han comprometido a contribuir para asegurar el paso seguro por Ormuz. El sistema financiero internacional no ha entrado en pánico.

El 25 de febrero, tres días antes del inicio de la guerra, el Gobierno desclasificó los documentos del 23-F. Habían pasado ya 44 años desde el “tejerazo” golpista. En el Reino Unido se desclasifica a los 30 años. La pregunta que se hicieron muchos fue la de por qué Sánchez desclasificó el 23-F. Bastantes pensaron que deseaba distraer a la opinión pública de los escándalos gubernamentales, aunque luego Trump le prestó su ayuda atacando Irán. Algunos (malpensados) sugirieron que Sánchez buscaba desprestigiar la Monarquía para intentar colar la III República en la que se haría con la presidencia. “Too much” diría un castizo con idiomas.

Es aún más evidente ahora que la actuación de Juan Carlos I ese día fue impecable. También la de otros como Suárez o Gutiérrez Mellado, sin olvidar el Gobierno de facto que se constituyó hasta la liberación del legítimo, compuesto por Secretarios de Estado y Subsecretarios.

Juan Carlos I ha sido un rey excelente y su resistencia al 23-F fue uno de sus momentos estelares. Su vida privada habrá sido, quizás, censurable, pero hay que ser capaces de pasar la esponja tras cinco años de exilio en Abu Dabi teniendo en cuenta los servicios que ha prestado a la Nación para consolidar la democracia, así como primer Embajador de nuestro país para exportar nuestros productos y conseguir inversiones extranjeras en España.

Si vuelve, como desea, algunas cosas cambiarán, evidentemente, como su residencia fiscal que dejará de estar en el extranjero. Asimismo, el Rey Padre debiera esposar la discreción. Su retorno debe simbolizar la paz en su corazón, en su familia y en un país excesivamente polarizado porque interesa a algunos pocos. Su sucesor es quien lleva ahora el peso de la Corona. Podría, pues, instalarse en un lugar que le sea agradable pero apartado del bullicio político diario que ya no es lo suyo. Está jubilado o retirado y es el momento del descanso y del reconocimiento que ha de ser patente. No pueden recordarse momentos gloriosos de su reinado sin que se le mencione. Ha de poder estar presente, si así lo desea, en actos de conmemoración de nuestro reciente pasado democrático.

¿Prefieren los españoles que su retorno definitivo sea en un ataúd? ¿Reconocer solo entonces sus méritos de Hombre de Estado que es lo que ha sido además de Monarca? ¿Obligar a la Corona exclusivamente a enterrar en el panteón de El Escorial a uno de sus más insignes miembros? ¿Alguien se preocupa por su seguridad ahora que hay una guerra donde reside? ¿Se le ha ofrecido resguardarse en su patria hasta que pase la tormenta?

Hay que alegrarse de que su sucesión haya recaído en alguien tan “profesional” como su hijo, Don Felipe, bien guiado por su progenitor para desempeñar su rol constitucional, como él hace a su vez con su heredera Doña Leonor. Un Felipe VI que sortea con competencia toda clase de situaciones difíciles en un país donde una parte minoritaria no sabe apreciar las ventajas de una Monarquía Parlamentaria que combina democracia y tradición, dos ingredientes enriquecedores.

Hay que sacar, asimismo, del anonimato al padre de Juan Carlos I, Don Juan. No pudo reinar, pero en condiciones complicadas supo servir de eslabón dinástico entre Alfonso XIII, su padre, y Juan Carlos I, su hijo, al que acabó pasando el testigo de la jefatura dinástica. Tuvo que componer con el “Caudillo” y entregarle a su hijo, como si fueran tiempos de la Edad Media, para que se educase en España como un español. Franco siempre supo que Don Juan Carlos daría pasó a una democracia.

Cuando la cruenta revolución francesa un primo de Luis XVI se unió a la revolución, un Orleans que eligió llamarse “Felipe Igualdad”. Llegó a votar la muerte de su pariente el Rey de Francia. Juan Carlos I siempre ha dado la cara por la democracia. Se merece un nombre menos populista y más apropiado: “Juan Carlos Democracia”.

 

Carlos Miranda, Embajador de España