domingo, 22 de marzo de 2026

JUAN CARLOS DEMOCRAXIA

 JUAN CARLOS DEMOCRACIA

 

                              Madrid, 21-03-2026

                              (Lectura rápida 😊)

 

En La Discrepancia:

https://ladiscrepancia.com/juan-carlos-democracia/

 

 

La guerra contra Irán se alarga. Trump calculó mal la resistencia iraní y su capacidad de cerrar el estrecho de Ormuz a los occidentales. Salir del lío al que le ha arrastrado Netanyahu no parece fácil si bien habrán retrasado otra vez el acceso iraní al arma nuclear.

Trump exige ayuda a Europa que no quiere participar activamente en esta guerra. Ello tendrá consecuencias en la relación transatlántica. La UE debe acelerar, pues, su integración y su defensa. No obstante, seis países importantes (FR, AL, IT, PB, RU y JP) se han comprometido a contribuir para asegurar el paso seguro por Ormuz. El sistema financiero internacional no ha entrado en pánico.

El 25 de febrero, tres días antes del inicio de la guerra, el Gobierno desclasificó los documentos del 23-F. Habían pasado ya 44 años desde el “tejerazo” golpista. En el Reino Unido se desclasifica a los 30 años. La pregunta que se hicieron muchos fue la de por qué Sánchez desclasificó el 23-F. Bastantes pensaron que deseaba distraer a la opinión pública de los escándalos gubernamentales, aunque luego Trump le prestó su ayuda atacando Irán. Algunos (malpensados) sugirieron que Sánchez buscaba desprestigiar la Monarquía para intentar colar la III República en la que se haría con la presidencia. “Too much” diría un castizo con idiomas.

Es aún más evidente ahora que la actuación de Juan Carlos I ese día fue impecable. También la de otros como Suárez o Gutiérrez Mellado, sin olvidar el Gobierno de facto que se constituyó hasta la liberación del legítimo, compuesto por Secretarios de Estado y Subsecretarios.

Juan Carlos I ha sido un rey excelente y su resistencia al 23-F fue uno de sus momentos estelares. Su vida privada habrá sido, quizás, censurable, pero hay que ser capaces de pasar la esponja tras cinco años de exilio en Abu Dabi teniendo en cuenta los servicios que ha prestado a la Nación para consolidar la democracia, así como primer Embajador de nuestro país para exportar nuestros productos y conseguir inversiones extranjeras en España.

Si vuelve, como desea, algunas cosas cambiarán, evidentemente, como su residencia fiscal que dejará de estar en el extranjero. Asimismo, el Rey Padre debiera esposar la discreción. Su retorno debe simbolizar la paz en su corazón, en su familia y en un país excesivamente polarizado porque interesa a algunos pocos. Su sucesor es quien lleva ahora el peso de la Corona. Podría, pues, instalarse en un lugar que le sea agradable pero apartado del bullicio político diario que ya no es lo suyo. Está jubilado o retirado y es el momento del descanso y del reconocimiento que ha de ser patente. No pueden recordarse momentos gloriosos de su reinado sin que se le mencione. Ha de poder estar presente, si así lo desea, en actos de conmemoración de nuestro reciente pasado democrático.

¿Prefieren los españoles que su retorno definitivo sea en un ataúd? ¿Reconocer solo entonces sus méritos de Hombre de Estado que es lo que ha sido además de Monarca? ¿Obligar a la Corona exclusivamente a enterrar en el panteón de El Escorial a uno de sus más insignes miembros? ¿Alguien se preocupa por su seguridad ahora que hay una guerra donde reside? ¿Se le ha ofrecido resguardarse en su patria hasta que pase la tormenta?

Hay que alegrarse de que su sucesión haya recaído en alguien tan “profesional” como su hijo, Don Felipe, bien guiado por su progenitor para desempeñar su rol constitucional, como él hace a su vez con su heredera Doña Leonor. Un Felipe VI que sortea con competencia toda clase de situaciones difíciles en un país donde una parte minoritaria no sabe apreciar las ventajas de una Monarquía Parlamentaria que combina democracia y tradición, dos ingredientes enriquecedores.

Hay que sacar, asimismo, del anonimato al padre de Juan Carlos I, Don Juan. No pudo reinar, pero en condiciones complicadas supo servir de eslabón dinástico entre Alfonso XIII, su padre, y Juan Carlos I, su hijo, al que acabó pasando el testigo de la jefatura dinástica. Tuvo que componer con el “Caudillo” y entregarle a su hijo, como si fueran tiempos de la Edad Media, para que se educase en España como un español. Franco siempre supo que Don Juan Carlos daría pasó a una democracia.

Cuando la cruenta revolución francesa un primo de Luis XVI se unió a la revolución, un Orleans que eligió llamarse “Felipe Igualdad”. Llegó a votar la muerte de su pariente el Rey de Francia. Juan Carlos I siempre ha dado la cara por la democracia. Se merece un nombre menos populista y más apropiado: “Juan Carlos Democracia”.

 

Carlos Miranda, Embajador de España