TRES VIEJAS CONDICIONES
ante el demagógico No a la guerra
Madrid,
09-04-2026
(Lectura rápida 😃)
Publicado en El
Independiente
Muchos políticos dicen querer una defensa europea. ¿Saben
de lo que hablan? Eso igual es otra cosa porque para ser autónoma
estratégicamente, Europa requerirá una disuasión nuclear, y, en materia de
defensa, junto a la solidaridad prima el reparto de cargas. En materia nuclear
eso significa que no es aceptable que unos estén mejor protegidos que otros o
que unos se sitúen en una menor vulnerabilidad.
El referéndum de permanencia en la OTAN de 1986 se aprobó
con tres condiciones que no dejaban de ser un paquete ligado
conjuntamente. Permanecía España en la OTAN, pero sin ingresar en la Estructura
Militar Integrada de la Alianza (EMI). Asimismo, nuestra prevista aportación
militar a la misma (que se materializaría posteriormente mediante Acuerdos de
Coordinación entre Mandos españoles y aliados) justificaba una reducción de la
presencia militar estadounidense en nuestro país. Un argumento peregrino, pero
fue el empleado. En esas condiciones no parecía necesario modificar la
situación acordada en tiempos de Franco con Washington de que no habría en
España ni despliegues ni almacenamiento de armas nucleares, una concesión,
asimismo, a sectores pacifistas.
Esta postura entrelazada fue aprobada por un referéndum.
Sin embargo, se ha ido recortando con los años sin referéndum alguno. La
anulación se ha hecho con la aprobación parlamentaria en un caso y, luego,
firmando un acuerdo con los EEUU que, después, se comunicó por lo que quedó
claro que la condición principal es la primera y que las otras dos le estaban
subordinadas. El paquete se ha desvirtuado y se puede dudar, pues, de la oportunidad
de la tercera condición.
Aznar fue responsable de la primera dentellada al paquete
con el voto favorable del PP y la abstención del PSOE. Quedaba claro que los
socialistas no se oponían. Ingresamos, pues, en la EMI. Una buena decisión,
pero, de hecho, quedaban desvirtuadas las otras dos condiciones porque el no
ingreso en la EMI era la condición más determinante de las tres.
La segunda dentellada fue de Zapatero. Olvidándose de su
sentada en un desfile al paso de la bandera estadounidense cuando todos los
demás se pusieron de pie y arrinconando lo a gusto que se quedó, como el mismo
dice, sacando nuestras tropas en un instante de Irak, complicando así su
sustitución (lo mismo en Kosovo pocos años después), Zapatero coronó sus ocho
años de gobernanza firmando con el Secretario de Defensa americano, Panetta, en
Bruselas, un acuerdo para el fondeo de cuatro buques norteamericanos en Rota
componentes en parte del escudo antimisiles de la OTAN, también una buena
decisión, elevando, pues, la presencia militar estadounidense en España que
González había rebajado. Con Sánchez se ha incrementado aún más al aceptar recientemente
el fondeo en Rota incluso de un sexto buque.
Queda la tercera condición, la nuclear. Desaparecidas las
dos anteriores sin un referéndum, esta también podría anularse por voluntad
gubernamental y un eventual respaldo parlamentario.
Como más arriba se ha dicho, no es concebible, una
defensa europea autónoma sin disuasión nuclear. En la UE Francia puede
ofrecerla y en Europa lo mismo puede hacer el RU. No asumirlo es no formar
parte de la defensa europea, que parece ser el caso español al negarse Sánchez
a aceptar la protección del paraguas nuclear francés con lo que solo nos queda,
paradójicamente, el estadounidense que Trump, enfadado con los europeos en
general y con Sánchez en particular, igual retira algún día.
Hay quien pensará que la negativa de Sánchez es porque no
podríamos participar en ejercicios con Francia sobre disuasión nuclear por
nuestra antes referida condición nuclear. En la OTAN sí lo hacemos y nunca ha
implicado ello no tener en cuenta nuestra peculiaridad nuclear. Lo de
negarse al paraguas nuclear francés es simplemente un sinsentido.
Una postura insostenible si verdaderamente se pretende
una defensa europea autónoma sin perjuicio de que no se renuncie a la
vinculación transatlántica. Al norte de Europa lo han entendido y países que
prohibían despliegues nucleares ahora parecen dispuestos a ello. Alemania
recuerda que, si bien no posee bombas nucleares, tiene la capacidad de portar
las de otros países con aviones suyos bajo la fórmula llamada de la “doble
llave”. Una actitud, digamos, intermedia y que da derecho a opinar con fuerza
en el caso de un empleo nuclear sea americano o francés, aunque solo el dueño
de un arma nuclear tiene el dedo en el gatillo.
En las nuevas circunstancias internacionales en las que
comprobamos que el mundo es más peligroso y que Europa debe hacer mucho
más por su defensa, sin perjuicio de desear un planeta gobernado por el derecho
internacional, puede no tener ya sentido mantener en España esa tercera
condición que en un marco aliado y europeo es insolidaria y puede contravenir
incluso un plan de defensa común. Es, además, una ingenuidad creer que ello nos
protege de un ataque nuclear. También puede ocurrir lo contrario, que por no
tener armas nucleares en nuestro territorio sea más tentador para un enemigo
bombardearnos en primer lugar con las suyas.
Tiene esta condición un corolario ridículo. ¿Qué pasa
cuando un buque extranjero dotado con armas nucleares fondea en un puerto o en
aguas españolas? ¡Pues que no preguntamos si las tienen! Es lo acordado
con los americanos y lo que hacemos por analogía con otros. Imaginen montarse
en un avión y que baste con que a usted no le pregunten si lleva una pistola
encima.
Como poco se debate en este país, y menos en el
Parlamento, el Presidente del Gobierno de turno hará lo que le dé la gana
argumentando que hacía falta. Como con un contrato de telefónica se les dirá a las
Cortes que firmen abajo. Y quizás sea lo mejor, porque los debates en
España sobre seguridad no solo son escasos, son pobres y la tentación es de resolverlos
con el demagógico y facilón “no a la guerra” como si esa declaración para
simples de espíritu nos pudiera proteger.
Carlos Miranda, Embajador de España