NO LO DUDE: HIJOS DE
LA TRANSICIÓN
Hendaya, 18-07-2026
(Lectura rápida 😊)
En la Discrepancia:
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Si le preguntan si es hijo de la Transición o nieto de la
Guerra Civil que ahora hace 90 años que empezó, casi un siglo, responda que, de
las dos cosas, pero que ahora la Transición es más
importante. También se puede recordar la guerra y olvidar la
Transición. Es lo que eligen los que quieren mirar atrás sin querer ver lo que
ha pasado después. La guerra fue horrible y la II República no fue el exitazo
que algunos pretenden.
Al recordar en este 18 de julio el inicio de la guerra conviene
lamentar que nuestros abuelos llegarán a matarse los unos a los otros porque no
hay nada peor que una guerra en la que se enfrentan hasta hermanos. Hay que
recordar, pero más con el propósito de no volver
a caer en los mismos errores que con el ánimo de vengar derrotas
pasadas y sus injustos sufrimientos. Hay que juramentarse de no repetir los
gestos, palabras y obras que desembocaron en aquella desgracia.
Fui el primer Embajador español en Londres (2004-2008)
que acudió a actos conmemorativos del exilio republicano allí y les recibió en
la Embajada. “La conocía solo desde fuera cuando me manifestaba contra Franco”,
me dijo uno de mis invitados. Unos eran los que quedaban de los llamados “Niños vascos” que
desembarcaron en Southampton en 1937 del barco Habana procedente de Bilbao con
4.000 niños que sus padres quisieron poner a salvo antes de la llegada de los
“nacionales”. El Habana tuvo que sortear la Armada de Franco y la Navy que
intentó interceptarlo porque Londres no los quería
Cuando llegaron al puerto británico, fueron solo
organizaciones privadas británicas las que se ocuparon de estos niños. Tras la
guerra civil la mayoría retornó a España mientras otros se reunieron con sus
padres en un exilio mayoritariamente iberoamericano, pero unos 500 se quedaron en el Reino Unido.
Otro grupo mal conocido es el de los españoles deportados
a las Islas Anglonormandas, una herencia inglesa de los normandos invasores en
1066, situadas junto a la costa francesa, único territorio británico ocupado
por la Alemania nazi y cuya guarnición militar se rindió el 9 de mayo de 1945.
Junto a los españoles, republicanos capturados en la Francia ocupada por
Hitler, hubo otras nacionalidades obligadas a fortificar las islas. Fueron, se
calcula, más de un millar de españoles de los que fallecieron algo menos de una
decena que son recordaros todos los 9 de mayo en
un cementerio de Jersey después de que por la mañana se celebre la
liberación de las islas.
Un tercer grupo era el de los brigadistas
internacionales que celebraban,
los que quedaban y sus descendientes, cada año en Jubilee Park, en Londres, a
aquellos que lucharon en España defendiendo la República.
Con todos estos grupos contacté y a todos cuidé, atendiendo a algunos de sus
actos. El 9 de mayo en Jersey, a principios de julio en Jubilee Park y, a
petición de los interesados, presidí los actos del 70 aniversario de la llegada
a Southampton de los niños vascos.
En mis parlamentos siempre les decía que aquello por lo
que ellos o sus antepasados lucharon y tuvieron que exiliarse, lo teníamos
ahora, fruto también de sus esfuerzos. No es una República sino una Monarquía Parlamentaria,
una democracia, por lo tanto. Un discurso bien
recibido.
Cuando fui a Jersey hubo coronas de flores con los
colores de la bandera tricolor y otras con los de nuestra bandera
constitucional. Siempre les dije que yo respetaba la bandera que había acabado
siendo la de los exiliados y que tenían entre el público, pero que tras mío solo podía ondear la constitucional.
Todos lo entendieron muy bien.
La primera vez que fui a lo de los brigadistas, al
avanzarme para pronunciar mi discurso quien portaba la bandera constitucional
se situó detrás mío y nada más empezar yo a hablar una voz grito “Esa no es
nuestra bandera”. No me inmuté y solté mi discurso según el esquema antes
descrito. Al final del acto se me acercó un periodista español presente, Iñigo
Gurruchaga, para contarme que había identificado al joven que quiso interrumpirme.
Este le confirmó su intempestiva intervención, pero admitió que “Me ha gustado lo que ha dicho el Embajador”.
Dos años más tarde volví y mientras esperaba mi turno
sentado con la bandera constitucional siempre a mi vera, llegó retrasado un
brigadista. “Acabo de cumplir 100 años” me dijo. De su silla de ruedas empujada
por una nieta salía una antena flexible en cuyo tope ondeaba una pequeña
bandera republicana que confraternizó con la actual. Lo mencioné en mis
palabras a los brigadistas asegurando estar convencido de que la bandera
constitucional se encontró más a gusto junto a
la republicana que lo hubiera estado junto a la de la época Franco.
Fueron encuentros de reconciliación dignos de la Transición
en los que sin dejar de recordar el pasado se miraba al futuro. No debemos
perder ahora eso de vista al recordar el inicio de la Guerra Civil que cada vez más se aleja afortunadamente en
el pasado como esas otras asimismo crueles guerras civiles
anteriores, las Carlistas.
Carlos Miranda, Embajador de España