martes, 21 de julio de 2026

NO DUDE, HIJOS DE LA TRANSICIÓN

NO LO DUDE: HIJOS DE LA TRANSICIÓN

 

                            Hendaya, 18-07-2026

                              (Lectura rápida 😊)

 

En la Discrepancia:

https://ladiscrepancia.com/no-dude-hijos-de-la-transicion/

 


Si le preguntan si es hijo de la Transición o nieto de la Guerra Civil que ahora hace 90 años que empezó, casi un siglo, responda que, de las dos cosas, pero que ahora la Transición es más importante. También se puede recordar la guerra y olvidar la Transición. Es lo que eligen los que quieren mirar atrás sin querer ver lo que ha pasado después. La guerra fue horrible y la II República no fue el exitazo que algunos pretenden.

Al recordar en este 18 de julio el inicio de la guerra conviene lamentar que nuestros abuelos llegarán a matarse los unos a los otros porque no hay nada peor que una guerra en la que se enfrentan hasta hermanos. Hay que recordar, pero más con el propósito de no volver a caer en los mismos errores que con el ánimo de vengar derrotas pasadas y sus injustos sufrimientos. Hay que juramentarse de no repetir los gestos, palabras y obras que desembocaron en aquella desgracia.

Fui el primer Embajador español en Londres (2004-2008) que acudió a actos conmemorativos del exilio republicano allí y les recibió en la Embajada. “La conocía solo desde fuera cuando me manifestaba contra Franco”, me dijo uno de mis invitados. Unos eran los que quedaban de los llamados “Niños vascos” que desembarcaron en Southampton en 1937 del barco Habana procedente de Bilbao con 4.000 niños que sus padres quisieron poner a salvo antes de la llegada de los “nacionales”. El Habana tuvo que sortear la Armada de Franco y la Navy que intentó interceptarlo porque Londres no los quería

Cuando llegaron al puerto británico, fueron solo organizaciones privadas británicas las que se ocuparon de estos niños. Tras la guerra civil la mayoría retornó a España mientras otros se reunieron con sus padres en un exilio mayoritariamente iberoamericano, pero unos 500 se quedaron en el Reino Unido.

Otro grupo mal conocido es el de los españoles deportados a las Islas Anglonormandas, una herencia inglesa de los normandos invasores en 1066, situadas junto a la costa francesa, único territorio británico ocupado por la Alemania nazi y cuya guarnición militar se rindió el 9 de mayo de 1945. Junto a los españoles, republicanos capturados en la Francia ocupada por Hitler, hubo otras nacionalidades obligadas a fortificar las islas. Fueron, se calcula, más de un millar de españoles de los que fallecieron algo menos de una decena que son recordaros todos los 9 de mayo en un cementerio de Jersey después de que por la mañana se celebre la liberación de las islas.

Un tercer grupo era el de los brigadistas internacionales que celebraban, los que quedaban y sus descendientes, cada año en Jubilee Park, en Londres, a aquellos que lucharon en España defendiendo la República.

Con todos estos grupos contacté y a todos cuidé, atendiendo a algunos de sus actos. El 9 de mayo en Jersey, a principios de julio en Jubilee Park y, a petición de los interesados, presidí los actos del 70 aniversario de la llegada a Southampton de los niños vascos.

En mis parlamentos siempre les decía que aquello por lo que ellos o sus antepasados lucharon y tuvieron que exiliarse, lo teníamos ahora, fruto también de sus esfuerzos. No es una República sino una Monarquía Parlamentaria, una democracia, por lo tanto. Un discurso bien recibido.

Cuando fui a Jersey hubo coronas de flores con los colores de la bandera tricolor y otras con los de nuestra bandera constitucional. Siempre les dije que yo respetaba la bandera que había acabado siendo la de los exiliados y que tenían entre el público, pero que tras mío solo podía ondear la constitucional. Todos lo entendieron muy bien.

La primera vez que fui a lo de los brigadistas, al avanzarme para pronunciar mi discurso quien portaba la bandera constitucional se situó detrás mío y nada más empezar yo a hablar una voz grito “Esa no es nuestra bandera”. No me inmuté y solté mi discurso según el esquema antes descrito. Al final del acto se me acercó un periodista español presente, Iñigo Gurruchaga, para contarme que había identificado al joven que quiso interrumpirme. Este le confirmó su intempestiva intervención, pero admitió que “Me ha gustado lo que ha dicho el Embajador”.

Dos años más tarde volví y mientras esperaba mi turno sentado con la bandera constitucional siempre a mi vera, llegó retrasado un brigadista. “Acabo de cumplir 100 años” me dijo. De su silla de ruedas empujada por una nieta salía una antena flexible en cuyo tope ondeaba una pequeña bandera republicana que confraternizó con la actual. Lo mencioné en mis palabras a los brigadistas asegurando estar convencido de que la bandera constitucional se encontró más a gusto junto a la republicana que lo hubiera estado junto a la de la época Franco.

Fueron encuentros de reconciliación dignos de la Transición en los que sin dejar de recordar el pasado se miraba al futuro. No debemos perder ahora eso de vista al recordar el inicio de la Guerra Civil que cada vez más se aleja afortunadamente en el pasado como esas otras asimismo crueles guerras civiles anteriores, las Carlistas.

 

Carlos Miranda, Embajador de España