sábado, 27 de junio de 2026

LA FRONTERA DEL SAHEL

 LA FRONTERA DEL SAHEL

 

                            Madrid, 27-06-2026

                            (Lectura rápida 😊)

 

En La Discrepancia:

https://ladiscrepancia.com/la-frontera-del-sahel/

 



Se ha publicado recientemente un interesante libro, “El papel de España en el Sahel en el marco de la relación Unión Europea-Unión Africana”, que analiza la actuación de la Unión Europea y de sus Estados en el Sahel. Un libro editado por el siempre animoso actual Presidente del Movimiento Europeo español, Patxi Aldecoa. A esta publicación han contribuido valiosamente numerosas personas del mundo africano y europeo. En su presentación el pasado 11 de junio en la Oficina de la Comisión Europea en Madrid intervinieron, además de su Director, Daniel Calleja, y de Aldecoa, Alberto Navarro, Embajador de España, Ximena Bartolomé, Directora General para África del MAEC, Nuria Reigosa, Ex Embajadora de España en la República de Niger, Carlos Echeverría Jesús, Profesor de Relaciones Internacionales en la UNED, y Guillermo Hergueta Sálomon, Colaborador CFEME.

Argumentaron todos ellos que el Sahel es la verdadera frontera Sur de la Unión Europea. Su desestabilización tiene efectos negativos no solo para la región y su vecindario, tanto al Sur como al Norte, sino también para Europa. Añadiremos que para España el concepto de frontera Sur también incluye enseguida a Ceuta y Melilla (así como los Peñones) siempre reclamadas por Marruecos, y las Islas Canarias, acosadas por la inmigración ilegal y por las presiones marroquíes relativas a aguas circundantes en cuyo lecho hay valiosos tesoros (minerales y petróleo) además de la pesca en su derredor, incluidos los bancos saharaui y mauritano.

Observando la cubierta del libro se constata que la zona iría desde Etiopía hasta Mauritania y no incluye al Sáhara Occidental. La extensión del Sahel es flexible ya que hacia el Norte puede ampliarse hacia las zonas desérticas que van de Egipto a Argelia pasando por Libia. Es argumentable que el Sáhara Occidental es parte del Sahel a pesar de estar censurado en la cubierta del libro presentado y su inestabilidad tiene efectos negativos en la región con implicaciones importantes de cara a España, Europa y EEUU que, como líder del mundo occidental, está implicado en la región e incrementando su interés por la misma a pesar de un breve eclipse forzado por la instabilidad en algunos Estados.

La gran característica de los países del Sahel es su debilidad institucional que unido a su escasa dedicación a las necesidades de sus poblaciones ha facilitado la implantación de movimientos terroristas oriundos del Sur, Boko Haram, y del Oriente Medio, como el Estado Islámico o Daesh, expulsado de sus feudos en Irak y Siria. Asimismo, están los mercenarios rusos del Grupo Wagner reubicados en África tras su fracasada rebelión contra Putin por blando en Ucrania.

Una contribución a la inestabilidad del Sahel fue la desaparición de Gadafi y su dictadura que regentaba en buena medida el mundo nómada del Sahel central representado principalmente por los Tuaregs. En 2011 los Estados occidentales que forman parte de la UE y de la OTAN fueron advertidos por sus propios servicios de información de lo que implicaría una desaparición del dictador libio, pero, al mismo tiempo, ocurrían las mal llamadas Primaveras Árabes que en Libia se tradujo en un enfrentamiento bélico entre sus dos grandes polos, el occidental de Trípoli y el oriental, en Bengasi, con un grave riesgo de un baño de sangre en esta última ciudad a orillas del Mediterráneo por el acoso de Gadafi, aconteciendo todo ello a las puertas de la Unión Europea.

En política internacional prevalecen muchas veces las soluciones cortoplacistas porque son las apremiantes y las posibles. La operación, finalmente encargada a la OTAN, fue empujada especialmente por Francia y su Presidente Sarkosy, posteriormente condenado en Francia por una financiación ilegal de Gadafi. Al final casi todo se acaba sabiendo.

Para una política europea coherente en el Sahel hace falta más que la voluntad de 27 países con intereses propios divergentes. Hace falta que Europa se tome en serio la conversión de la UE en un Estado Federal con una sola y clara política internacional respaldada económicamente y, asimismo, militarmente. Otras fórmulas serán más posibles, pero, asimismo, menos eficaces.

La zona desértica del Sahel es hoy en día como un mar recorrido por piratas del siglo XXI, es decir, terroristas aliados a mafias que tratan ilegalmente con personas, bienes y drogas. Ya se ha mencionado la debilidad institucional de los Estados que comparten el Sahel, pero conviene recordar asimismo que, al Norte suyo, la estabilidad la dan la militarización de sus regímenes. Desde la revolución egipcia en los años cincuenta del siglo pasado, Egipto solo ha visto una sucesión de dictaduras militares. Desaparecida la dictadura de Gadafi, Libia es un caos con facciones militarizadas. En Argelia la dictadura militar está más disimulada, pero es su triste realidad. En Marruecos, el Rey y su entorno palaciego controlan el país, pero, si caen, se impondría un régimen militarizado, sea de derechas o de izquierdas.

En Europa, los países del Sur, como España, tienen sociedades poco conscientes del peligro que representa militarmente Rusia, mientras que las del Norte no valoran suficientemente la amenaza de un Sahel inestable como el que hay hoy en día y sus repercusiones negativas no solo regionales sino también para Europa y el Mundo occidental. España no debiera dejar el monopolio del interés por el Sahel a Francia y EEUU, pero la realidad requiere un esfuerzo mucho mayor y mejor dotado financieramente para lo cual es necesaria, como en todos los demás aspectos de nuestra política exterior, una política de Estado (consensuada con la oposición) para mantener un rumbo constante que defienda nuestros intereses a pesar de los vaivenes de la política interior, sin perjuicio de que, como antes ya se ha indicado, solo una Europa Federal tendría la potencia necesaria para una gestión verdaderamente eficaz de esta problemática.

 

Carlos Miranda, Embajador de España