viernes, 17 de abril de 2026

ENTENDER ESTA GUERRA

 

                     Medina del Campo, 17-04-2026

                              (Lectura rápida 😊)

 

En La Discrepancia:

https://ladiscrepancia.com/entender-esta-guerra/

 


Es fácil acordar que Trump no es muy fino. Tampoco Netanyahu y aún menos Vance. Sin embargo, no toda la política exterior estadounidense, y la israelí, es por definición estúpida. Ciertamente en Washington y en Jerusalén tienen objetivos con distintos énfasis según las cuestiones, incluso divergentes, pero hay aspectos centrales compartidos.

El objetivo principal sigue siendo impedir que Teherán llegue a poseer la bomba nuclear. Irán, como España, ha suscrito el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y por la tanto se ha comprometido a no tener la bomba nuclear. Sin embargo, hay desconfianza porque para el uso pacífico de la energía atómica no es preciso haber enriquecido tanto los cuatrocientos kilos que atesora en túneles cerca de Ispahán. Para la bomba es necesario un enriquecimiento a más del 90%, sabiendo que para llegar a ese grado de enriquecimiento desde el 60 % obtenido en ese lote es más sencillo de lo que lo fue desde un 5 % (habitual para uso pacífico) al referido 60 %.   

Para reconciliar posiciones con un Irán que no quiere comprometerse definitivamente a renunciar a la bomba a pesar de haber suscrito el TNP, que siempre puede denunciar, y la exigencia estadounidense de no proseguir el camino hacia la obtención de la bomba, algo preferido por una enorme mayoría de naciones, aceptan ambas partes que el compromiso sea solamente por un cierto número de años.

Cuando exploran los entendidos los comentarios alrededor de las negociaciones, los juntan con filtraciones y expresan especulaciones que no son caprichosas, queda reafirmado que el nudo gordiano está en acordar el número de años de carencia iraní en su deambular hacia la bomba.

Justo antes del presente conflicto parecería que Irán no quiso comprometerse en Ginebra a más de cinco años de carencia. Esta negativa habría provocado la decisión de Trump de ir a la guerra ya que Washington deseaba veinte años, accediendo, pues, a las presiones de Netanyahu que comparte esta preocupación, pero que, asimismo, desea que cese el patrocinio iraní a Hamás, Hezbollah y a los hutis con los que Irán cerca a Israel con terrorismo y el propósito de la aniquilación de Israel, un rosario de ilegalidades internacionales.

Naturalmente, un cambio de régimen en Irán sería la mejor manera de obtener ese resultado. En todo caso, el debilitamiento fruto de esta guerra podría ayudar a ello más adelante a pesar del formidable obstáculo de la ideologizada y extremista Guardia Revolucionaria iraní.

Vistas las cosas con estos prismas, se constata que los ayatolas han mantenido sus posiciones a costa de la tremenda destrucción a la que ha estado sometido su país y que podría reiniciarse, algo que permite, de hecho, alargar más el período practico de carencia iraní para obtener su bomba dado que los daños infligidos afectan a medios para obtener este objetivo. Se constata, asimismo, la existencia de un aspecto positivo: si el meollo de un entendimiento son los años de carencia, un acuerdo es posible, incluso en un plazo no tan lejano, y con más motivo ahora que Trump ha conseguido sentar a Netanyahu con el gobierno libanés para una tregua de diez días que debiera permitir llegar a un acuerdo para acabar con la guerra allí si Hezbollah, controlada por Teherán, se aviene finalmente a desarmarse y abandonar el Sur del Líbano desde donde ataca a Israel, algo que UNIFIL es incapaz de impedir y tampoco el gobierno libanés.

Hay que tratar también otras cuestiones complementarias importantes. Una de ellas es, ahora, obviamente la del paso por Ormuz. Debe ser libre y sin peaje como Bab el Mandeb, puerta del Mar Rojo: Convención del Mar. Otro es el de las sanciones impuestas a Irán y el desbloqueo de activos suyos, así como de sus intereses. Esto es negociable.

Asimismo, está la cuestión de la limitación de misiles iraníes que también debieran incluir drones, una cuestión en la que es imaginable que Israel debiera aceptar también alguna limitación, si bien no parece probable un acuerdo regional. Por otra parte, estarán las quejas y reclamaciones de los Estados del Golfo Arábigo como víctimas de ataques injustificados iranies con misiles y drones.

Cabría, pues, cierto optimismo de cara a un acuerdo antes del término de la frágil tregua actual, que siempre se puede ampliar. Un acuerdo que sería, si se logra, analizado y juzgado desde perspectivas que no solamente serán objetivas e imparciales, pero un elemento esencial por tener en cuenta será el retraso de la ambición nuclear iraní sea cual sea su plazo.

Naturalmente, ello suscitará dos cuestiones. Lo que Irán podrá hacer bien vigilado para que cumpla sus compromisos es la primera de las dos. La segunda es que, cualquiera que pueda ser el plazo de carencia acordado, cuando se acerque su final se planteará nuevamente la cuestión de su prolongación.

 

Carlos Miranda, Embajador de España