jueves, 15 de septiembre de 2022

GUERRA OTOÑAL

GUERRA OTOÑAL

 

 

            Bilbao. 16-09-2022

                                (Lectura rápida 😊)

 

      


A algunos de los que no comulgan con Sánchez, generalmente más por motivos personales que ideológicos o de política, les gusta “jugar a ser Salomón”, partiendo al niño en dos, debido a que el Presidente del Gobierno decidió ser, acertadamente, atlantista en la Cumbre OTAN de finales de junio de este año en Madrid. Unos críticos que se nota que no son ni letones, ni polacos, ni rumanos, que nunca han sentido el aliento imperialista ruso en el cogote y que pretenden adoptar una postura por encima del bien y del mal con unas de cal y otras de arena respecto de los años del final de la Guerra Fría y de la ampliación de la OTAN con los antiguos súbditos de Rusia, liberados del yugo moscovita.

Gorbachov era un comunista reformista inteligente, pero ingenuo. El comunismo sólo funciona con mano dura y los nostálgicos consiguieron echarle a pesar de que fracasaron en el golpe de Estado que le dieron en agosto de 1991 y que precipitó, como consecuencia, la implosión de la URSS. Con “Gorby” en el Kremlin, puede uno imaginarse que hubiera perdurado un mejor entendimiento con los occidentales. Pero, Mijaíl Serguéyevich, perdió su partida interior. Yeltsin intento ser demócrata, pero no le siguieron (en Rusia no saben lo que es una democracia) ni tuvo el liderazgo necesario y aún menos con la botella a su lado. Como Hitler, Putin representa la añoranza del poderío pasado, que es, en este caso, el de la URSS y Moscú nunca cogió la mano tendida desde occidente y desde la Alianza con, entre otras cosas, el Consejo OTAN-Rusia.

Harían bien estos “salomones” en entrevistar a los gobiernos finlandés y sueco que han abandonado su neutralidad para ampararse en la Alianza Atlántica, certificando con ello que la UE no les puede proteger. Será que le han visto las orejas al lobo (al que tienen más cerca que España) como dice Borrell que en agosto 2021 criticaba a los americanos por la salida de Afganistán, pactada previamente por Trump, y con un ejército afgano que se diluyó como azucarillo.

Solo seis meses después, la UE acudía a los americanos tras la invasión rusa de Ucrania. Fascina seguir oyendo hablar de defensa europea sin establecer previamente un Presidente Federal y una disuasión nuclear europea con una UE imprescindible, pero con escasa unidad en temas esenciales (ya veremos si el Midcat llega a Alemania) y en la que sube una marea de extrema derecha acomodaticia con el nuevo Hitler.

La UE es una potencia comercial y normativa y con ello puede ir muy lejos, pero no tanto como para medirse en serio ella sola con Rusia. La extrema izquierda española, y algunos de la izquierda, o que se dan de la misma, parecen olvidar, también, que antes echaban pestes de la Inglaterra y de la Francia de los años 30 por no ayudar a la Republica. Ahora apenas quieren ayudar a Ucrania.

En todo caso la situación es muy mala porque no parece que Putin pueda dar fácilmente marcha atrás y sus críticos, tras sus debacles militares, podrían ser más nacionalistas y autocráticos que él. Veremos si declara la guerra en lugar de la operación militar especial, lo que le proporcionaría más recursos. Quizás si la situación en el terreno llega a estar más o menos “empatada” a finales del otoño, con unas líneas de demarcación fijadas, se llegue, al menos, este invierno a un “reparto fáctico”, aunque no jurídico, al estilo coreano.

Putin, emparedado entre sus más duros, incapacitado para cobrarse en el Ejercito sus fracasos militares por no perder su apoyo, podría ser más recepticio a formulas diversas para salir del atolladero que garanticen a Ucrania frente a Rusia sin entrar en la OTAN, algo que, de todos modos, no iba a ocurrir. Queda la cuestión de la fiabilidad de la palabra de Putin, inexistente, pero algo hay que intentar. Asimismo, queda la cuestión territorial y de donde se retirarían los ejércitos rusos. En todo caso, Putin ya no objeta, como antes, a una Ucrania cercana a la UE.

Mientras, tenemos esencialmente tres modelos de vida en competencia: el liberal-democrático occidental; el capitalista-comunista al estilo chino y el autocrático-fascista de Putin bendecido por el Patriarca ortodoxo de Moscú con el que el Papa Francisco desea mantener una buena relación.

En España no debiéramos tener dudas de donde situarnos, y ciertas disquisiciones del pasado por motivos políticos y no históricos suenan más a querer ser acomodaticios con la Rusia imperialista de Putin. Ya en 1975, con el Acta Final de Helsinki, se pactó con la URSS de Brejnev las reglas de la convivencia y de la coexistencia en Europa. Putin, ese nostálgico de la KGB, es el que las pisotea y cualquier arreglo con él podría ser en detrimento de esas conquistas.


Carlos Miranda, Embajador de España