UN COCHE EN LA CUNETA
Madrid,
15-09-2026
(Lectura
rápida 😊)
Cuando nos quedamos tirados en la cuneta con el coche,
muchas consideraciones pueden pasar por nuestra cabeza y la de nuestros
pasajeros que afectan al pasado, al contexto del viaje y al futuro. La vida es
complicada. Si nos hemos quedado sin gasolina,
es lógico el furor del pasaje.
- ¿No tienes ojos? ¿No vistes la aguja del combustible en la zona roja?
- Si, pero no señalaba el final de esa zona roja aún y yo creía que podía hacer aún unos kilómetros sin repostar
Mala respuesta. El padre de un amigo decía que “yo creía
que” y “yo pensaba que”, son hijos de Don
Tonteque.
- ¿Cómo no llenaste el depósito antes de salir?
- Tenía otras prioridades y no me esperaba que la última gasolinera que pasamos estuviese cerrada.
- Imprevisión, zanja un pasajero lapidariamente.
De nuevo el conductor tiene poco que decir porque antes de la gasolinera cerrada pasó delante de otras dos que estaban abiertas.
- También podías haber llenado el depósito de combustible del automóvil antes de devolvérmelo, le espeta el conductor a uno de los pasajeros que es socio suyo en la empresa a cuyo nombre está registrado el automóvil.
- Medio depósito te dejé porque no me dio tiempo a repostar, pero has tenido ocho días para rellenarlo. Con este plazo de tiempo, el marrón ya es totalmente tuyo.
- Es que, últimamente, gasta más combustible que el anunciado por la marca, se queja el conductor.
- Pues haberlo llevado antes al taller para que resolvieran esa cuestión.
Este último asunto se llama mantenimiento, algo a lo que hay que dedicarse en lugar de echarle la culpa a los demás. Como siempre, la casa sin barrer.
- Bueno, no dramaticemos, asegura el conductor. Enseguida llega la grúa, nos verá gracias a la baliza de la DGT y nos remolcará hasta una gasolinera. Es cuestión de media hora, como mucho.
- También tendrá que llevarse el vehículo a un taller porque como te cogió desprevenido que se parara el motor, tu volantazo hacia la cuneta ha dañado la dirección, afirma un pasajero que se ha ocupado de examinar el automóvil. Recuperar el coche no va a ser cuestión de media hora, precisa, sino de semanas y quizás meses.
- Con un coche eléctrico …, empieza diciendo el conductor para desviar la atención, pero le corta un pasajero.
- Con un eléctrico te hubiera pasado lo mismo porque no eres diligente salvo para tus propias cosas y no te interesas verdaderamente por los demás.
- Así es, interviene otro pasajero. En lugar de elegir una autovía para nuestro destino, te empeñaste en esta carretera solitaria por la que no pasa casi nadie solo para visitar a una novia tuya en uno de los pueblos por los que hemos pasado.
Pasaron horas y nadie vino. Se echó la noche y algo de
frío. Se juntaron hambrientos a regañadientes dentro del coche para protegerse
sin que por ello cesaran sus recriminaciones. A pesar de sus obvias culpas, el
conductor mantenía que había actuado correctamente.
Junto a la falta de combustible, origen de la situación presente, había, ciertamente, otras consideraciones de interés. Se podía haber actuado mejor en el pasado, estaban ahora abandonados sin alojamiento ni comida y, de cara al futuro, habría que actuar de un modo diferente, pero lo inmediato es lo inmediato y es lo primero por atender. Alguien tenía que responsabilizarse por el desaguisado inmediato que fue no hacer caso al aviso de escasez de combustible, pero, como siempre, la culpa es de los demás.
Pasó más tiempo y por fin llegó una grúa.
- Si no es por la baliza no hubiera dado con ustedes, les dijo el conductor de la grúa con una gran sonrisa.
- ¡Alabada sea la DGT! declararon los del coche averiado y sin gasolina considerando que su salvación había llegado.
- Bájense del automóvil y hagan el favor de tumbarse en la cuneta, les dijo el de la grúa que venía acompañado de otro granuja con una pistola.
- ¿Qué dice? llegó a preguntar alguno de los viajeros ahora tumbados en la cuneta.
- Esto es un atraco facilitado por el abandono de esta carretera por la que ya no pasa casi nadie por su mal estado, por la avería de su vehículo y por la bendita baliza de la DGT porque gracias a ella les hemos localizado. Pongan al lado suyo sus carteras, relojes, joyas y cualquier cosa de valor. Así les incomodaremos poco y no habrá violencia.
Cuando los pasajeros del vehículo en la cuneta se pudieron de pie totalmente desvalijados, pudieron ver a lo lejos como se alejaban rápidamente las luces de la falsa grúa.
- Todo esto es culpa tuya, le dijo al conductor uno de sus pasajeros.
- La culpa la tiene la baliza de la DGT, se defendió el conductor.
- Maldita baliza de la DGT, dijo alguien.
No se sabe bien cómo acabó esta historia. Hasta el mediodía
del día siguiente no pasó nadie y los teléfonos móviles no sirvieron porque allí
no había conexión ni de internet ni para teléfonos móviles. Cosas del destino.
Ya se sabe, las desgracias nunca llegan solas.
Tendrán que aprender y actuar de otro modo además de buscarse a otro conductor.
Carlos Miranda, Embajador de España