viernes, 20 de diciembre de 2019

¿CATALUÑA O DESIGUALDAD?


¿CATALUÑA O DESIGUALDAD?

 
                 (20-12-2019)

 


Resultado de imagen de centrismo politico¿Evitar la ruptura del Estado o atender a la lucha de clases? ¿Qué es más importante? ¿Qué es más urgente? Unas preguntas oportunas rememorando que los independentistas rechazan la sentencia del Tribunal Supremo condenando a los líderes secesionistas que actuaron fuera de la ley; fomentan violencia y   vandalismo en las calles de Barcelona; y llevan a Europa sus infortunios en búsqueda de ayuda para su independencia.
 
¿Cataluña o desigualdad? Dos cuestiones cruciales. No son antagónicas en su substancia y se influyen recíprocamente, pero, según se priorice una u otra, sin abandonar ninguna, se puede llegar a políticas diferentes, incluso, esta vez sí, opuestas. 

Un barco o un avión que van rumbo a su destino deberán decidir qué hacer si en su camino se topan con una gran tormenta. ¿Seguir la ruta previamente marcada, arriesgando vidas y propiedades si la tormenta es importante, o rodear el obstáculo en aras a la seguridad, aunque sea retrasando la llegada a su meta?

Sin duda, el reto más importante es el de la desigualdad. El más acuciante. También cabe compatibilizar las acciones necesarias para enfrentarse a los dos retos. No hay que dejar una de las dos cuestiones en el congelador. Se puede rodear la tormenta eligiendo un rumbo que se enfrente parcialmente con ella sin ser el más directo, sin tener que rodearla exageradamente. De ahí la importancia de dedicarse a ambas cuestiones, Cataluña y desigualdad, pero dando más importancia a una cuestión o a la otra.
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Priorizar Cataluña conlleva la necesaria reforma de la Constitución, probablemente en un sentido federal, determinando con claridad las competencias de las Autonomías y las del Estado (lo que no es el caso actualmente), para, entre otras cosas, mejorar sus funcionamientos, como señalaba este otoño Felipe González en una entrevista con Soledad Gallego, directora de El País. Ello requiere un entendimiento transversal entre los partidos del arco constitucional.

 
Priorizar la lucha contra la desigualdad conduce, como estamos viendo, a pactos con un amplio elenco constituido por partidos a la izquierda que son antisistema y que rechazan, muchos, los efectos apaciguadores y constructivos de la Transición con su Constitución de 1978, promoviendo, incluso, autodeterminaciones coloniales en España. Son partidos y movimientos que prefieren ponerlo todo patas arriba, revolucionando el orden constitucional establecido en vez de buscar su evolución y mejora en un marco de entendimientos generales y consensuados. Dan, además, pretexto, con estas posturas a la extrema derecha.

Son, todos ellos, herederos de los diversos perdedores de los consensos de la Transición que consideran ahora, unos, que es más importante instalar una república que mejorar una monarquía parlamentaria válida y democrática en España (como en otros lugares de Europa); que desean, otros, una España fuera de la Unión Europea (así como del euro) y del mundo occidental, nuestro “hábitat” natural; que quieren, otros más, vencer dividiendo, incluso geográficamente, nuestro país, habiendo entre ellos los abiertamente activos con ese propósito y los “durmientes”, prestos a despertar cuando convenga.


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Pactar y gobernar con los extremos, populistas, sea, a un lado, Vox, sea, al otro, Podemos y los independentistas, a la vista o encubiertos, lleva a la destrucción de los efectos benéficos de la Transición. Un suicidio. Parece evidente, pero bastantes no quieren entenderlo. Otros, asimismo, se alegran de ello, lo fomentan.


Tampoco quieren admitir que la estabilidad está en el centro. Responder a esta necesidad es prioritario porque solo en este marco se podrá resolver sensata y constructivamente la cuestión catalana, y no solo la catalana, y mejorar el sistema constitucional, y no solo la Constitución, para poder ocuparse eficazmente de la lucha contra la desigualdad.


Sin embargo, la casta política está en otra onda, la de la confrontación; la del cuanto peor, mejor; la de tender la mano a los extremos y no al adversario ideológico en busca del centro y del consenso general. ¿Eso es lo que quieren los españoles?
 

Carlos Miranda es Embajador de España