OCHENTA AÑOS DE GUERRAS
Madrid, 06-02-2026
(Lectura rápida 😊)
En La Discrepancia:
https://ladiscrepancia.com/ochenta-anos-de-guerras/
Contra Franco vivíamos mejor” fue una frase acuñada
estúpidamente hace años. Es evidente que en democracia se está mejor con
permiso de los críticos de salón que solo se arriesgaban tomando una copa. “Los
tiempos pasados fueron mejores” es otra cantinela con la que se pretende que
las distopías prevalecen hoy en día sobre las utopías como si antes hubiéramos
vivido en un planeta de jauja.
No se trata de negar que podamos ir por mal camino, pero
tampoco estaba antes mejor asfaltado, siendo los riesgos de guerras antes
menores que ahora. La crisis de los misiles rusos en Cuba pudo desencadenar una
guerra nuclear. Podemos mencionar muchas guerras, conflictos, insurrecciones,
repartos de zonas de influencia y otras desgracias que asolaron el planeta
desde el fin de la 2GM. Siempre hemos vivido
peligrosamente, no solo en el presente.
El conflicto civil chino desembocó en la dictadura
comunista en China y los que se refugiaron en Taiwán que Beijing siempre quiere
anexionar. Hubo la guerra de Corea, las guerras coloniales que afectaron
especialmente a Francia y Reino Unido, así como a Portugal y España (Ifni y Sáhara).
La guerra para recuperar el canal de Suez tras su nacionalización por Nasser,
el conflicto del Vietnam precedido del de Indochina, esa Conchinchina que
llegamos a pisar con Prim. La guerra de Argelia, la insurrección castrista en
Cuba y otras insurrecciones marxistas e islamistas. Terrorismos varios como el
palestino al que debemos los arcos de seguridad en los aeropuertos. Muchos de esos conflictos pudieron extenderse más o,
incluso, apelar a empleos nucleares.
Las guerras en Europa después de 1945 no se iniciaron con
Putin y su invasión de Crimea y del resto de Ucrania. Ese héroe de los cegatos
que siguen culpando a la OTAN del imperialismo antes soviético y siempre ruso
ya intervino en Chechenia y Georgia, así como en otras partes del Cáucaso. Hubo
la larga guerra por la explosión violenta de la extinta Yugoslavia, otro paraíso más del comunismo que en los
países del Este europeo reprimieron con muertos en Polonia, Hungría y la
entonces Checoslovaquia.
Tenemos también las numerosas
intervenciones americanas en
Iberoamérica y el Caribe. Una guerra para hacer preso a Noriega en Panamá, otra
para un cambio de régimen en la isla de Granada, precedentes de lo que ahora
intenta Trump en Venezuela y, quien sabe, Cuba. Asimismo, la guerra (legal)
para liberar Kuwait y la siguiente (ilegal) para acabar colgando a Sadam
Hussein si bien parece Irak hoy más democrático. Añadamos las guerras árabes
contra Israel y las del Estado judío contra palestinos y, sobre todo, Hamás.
No se trata de ser exhaustivos ni de culpar a unos u
otros. El hecho es que seguimos viviendo
peligrosamente. ¿Más peligrosamente? Depende, y depende ello de
factores geográficos y de sensaciones subjetivas. La seguridad es difícil de
objetivar porque es una percepción que, aunque se intente cuantificar, sigue
siendo una percepción. ¿Hay más posibilidades de empleo de armas nucleares hoy
en día porque Putin alegremente amenace con ello al hilo de la guerra de
independencia de Ucrania? Quizás, pero sus líneas rojas al efecto se han ido abombando
muchísimo.
Otra crisis de gran peligro fue la de los euromisiles aliados
en Europa iniciada con el despliegue de los temibles SS-20 nucleares soviéticos,
aunque al cabo de unos años se acordó un desmantelamiento recíproco. Los dirigentes rusos y americanos de entonces parecían más
serios, si bien no hay que olvidar a Jrushchov golpeando en NNUU su
pupitre con un zapato. Ciertamente, las reglas internacionales apenas funcionan
ahora. ¿Funcionaba mejor antes el Consejo de Seguridad de la ONU? Puede, pero ¿Cuántos
vetos o ausencias hubo en votaciones del Consejo?
En esas épocas ya estaba el
mundo cuartelado en zonas de influencia. No es una novedad. Un
polaco o un rumano lo pueden certificar. Esto no significa que no haya que
seguir luchado por un mundo internacional con reglas, pero no parece que hoy en
día estemos mucho peor que antes. La fuerza sigue siendo, como entonces, un
factor internacional. Por ello es un error bajar la guardia.
Acaba de expirar el último acuerdo de limitación de armas
nucleares entre EEUU y Rusia con las que ya se podía destruir el planeta miles
de veces y que no impedía que China y otras potencias menores engorden sus
arsenales nucleares. Francia y RU mantienen los suyos, pero con una defensa europea autónoma probablemente deberían incrementarlos.
Hay que gastar más en defensa y los europeos han de
conjuntar una defensa propia compatible con la Alanza Atlántica de la que no
reniega ni Dinamarca a pesar de Trump. Fundar también una UE federal. ¡Ya está
bien de llorar o de engañar al personal deprimiéndolo al afirmar que estamos
mucho peor que entes! El mundo internacional es ahora
una jungla como ya lo era antes.
Carlos Miranda, Embajador de España